Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Sin perdón

LA opinión más coherente y conmovedora que ha inspirado el paro de secretarios y jueces ocupaba ayer un espacio subalterno en las informaciones, o incluso en algunos medios ni aparecía. Es la de Juan José Cortés, el padre de Mari Luz, el hombre que ha recorrido durante meses España entera en busca de firmas para lograr una sanción justa contra los responsables de que el presunto asesino de su hija estuviera indebidamente en libertad. El martes hablaba desde la indignación y, seguramente, desde la confusión y la sorpresa. No era para menos. Durante meses, el padre de la Mari Luz no sólo ha recibido el apoyo de miles de ciudadanos en su afán por aclarar qué demonios pasó para que el presunto asesino de su hija no estuviera encarcelado sino que también ha sido utilizado como un proyectil contra una de las líneas de flotación del Gobierno, pero de improviso todo ha cambiado.

La rebelión de los jueces y secretarios (a mitad de camino entre el interés corporativo y el viejo asunto de las carencias materiales), mucho más potente como munición contra Zapatero, ha reducido la tragedia personal de Cortés a una posición accesoria, casi anecdótica. Algunos de quienes desde los medios alentaron el empecinamiento de Cortés lo han arrinconado y se han pasado, en apariencia, al de los jueces y secretarios, al bando con más capacidad para morder al Gobierno.

Cortés, con ese sentido común que todos han alabado, y haciendo uso del derecho legítimo a que su voz resuene por encima de los ecos, ha deducido que el paro de los secretarios y los jueces ha sido "una irresponsabilidad absoluta". Y luego ha añadido: "La Justicia ha de estar para el beneficio de la ciudadanía y no para que se manifieste cuando se le imponga una sanción a un compañero que, como en este caso, es justificada y justa". Pero esas opiniones que parecían tan claras hace una semana ahora están tapadas por la razón de los jueces -¡la falta de medios!- y por su aplastante capacidad para poner en un brete al Gobierno recurriendo a lo que se ha denominado hiperbólicamente un "acontecimiento histórico", es decir, un paro de tres horas.

Ayer veíamos también por primera vez fotografiada en los diarios, y elevada desde el rango de contrincante al de protagonista, a la secretaria de Tirado, Juana Gálvez, que ante la expectación mediática leyó un comunicado exculpatorio en el que achacó a unas "organizaciones caducas y unas leyes obsoletas" los desgraciados "sucesos que lamentamos y que esperamos que con el esfuerzo de todos puedan evitarse". "Desgraciados sucesos", el nuevo nombre del caso Mari Luz. Por lo demás, ni un perdón de cortesía. Tremendo.

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