La ciudad y los días

Carlos Colón

El perro, la abuela o lo que sea

EN ese referente del sociaZPlismo que es Tele 5, ejemplo junto a Cuatro y La Sexta del progresismo audiovisual español, se ha producido una reveladora anécdota. El programa Operación Triunfo (hay que recordar que parido por TVE, la televisión pública de ámbito nacional, bajo mandato del PP en octubre de 2001) ha hecho popular a un señor llamado Risto Mejide -proveniente del ejercicio profesional y la docencia en los ámbitos de la dirección de empresas, la publicidad o la industria musical- gracias a sus dotes para el insulto, la crueldad y la mala educación; cosas todas que pasan por ser positivas expresiones de la sinceridad, el desparpajo, la inteligencia y la desinhibición. Cabe la sospecha de que este experto en comunicación haya creado un personaje que funciona estupendamente en el actual vertedero audiovisual. El problema es que su personaje actúa en esa indefinida zona de sombra situada entre la realidad y la ficción que corresponde a los reality show. Por lo tanto, en el caso de que se trate de una actuación, lo cierto es que interactúa con seres humanos reales (no con personajes) y situaciones igualmente reales (no de ficción).

Un ser humano real es Patty, una concursante de OT. Otro ser humano real era su abuela, que falleció -hecho también dramáticamente real- el mismo día en que su nieta debutaba en el programa. Patty tuvo que elegir entre seguir en OT o abandonar el programa para asistir al entierro de su abuela y acompañar a su familia en el duelo. Escogió -"porque creo que es lo que tengo que hacer", según dijo- lo que cualquier ser humano que realmente lo sea haría: abandonar el concurso para llorar a su abuela junto a los suyos. Antes de marcharse la concursante participó en la gala del pasado martes. Dirigiéndose a los otros concursantes, Risto Mejide dijo: "Me preguntaba si alguien más quiere abandonar la academia, si alguien tiene que hacer una gestión, ha dejado mal aparcado el coche, se le ha muerto el canario, un perro, el abuelo o lo que sea. Lo digo porque ahí fuera hay mucha gente currante cada día a los que se les mueren seres queridos y no abandonan su trabajo, no abandonan su sueño…".

Nada hay que añadir. Comparar la muerte de un perro, un canario y un ser humano califica a quien lo hace, y al programa y cadena en que se hace. Y aún lo peor no es esto, sino que les dará más popularidad y audiencia. "El fascismo de la vulgaridad" llamó a estos fenómenos George Steiner, añadiendo: "No es la censura política lo que mata: es el despotismo del mercado de masas y las recompensas del estrellato comercializado".

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