La ciudad y los días

Carlos Colón

El peso (pluma) de la ley

TAL vez el asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón consiga lo que no lograron ni las 191 víctimas del 11 de marzo de 2004, ni los asesinatos de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio el 30 de diciembre de 2006, de Raúl Centeno y Fernando Trapero el uno de diciembre de 2007 y de Isaías Carrasco el 7 de marzo de 2008: esa unión democrática ante el terrorismo externo (islamista) o interno (etarra) que parecía imposible tras las sórdidas posiciones que adoptaron los partidos desde el 11 de marzo, tras el mal llamado y peor concluido "proceso de paz" de Zapatero, tras la torpe oposición planteada por el PP en los últimos cuatro años o tras la igualmente torpe política de exclusión de los populares -pacto del Tinell, estrategia del "cordón sanitario"- de los grandes acuerdos nacionales. Ojalá sea así; porque no existe otra forma de derrotar a ETA, y aislar a quienes la apoyan políticamente, que la unión entre los demócratas. Especialmente entre los dos partidos mayoritarios que representan la voluntad de 21.234.497 españoles, el 83 % de los votantes en las últimas elecciones generales.

Por eso es una buena noticia que Alonso y Sáenz de Santamaría hayan destacado la importancia de la unidad de los demócratas frente al terrorismo "de una manera absoluta". Por eso es una buena noticia que Sáenz de Santamaría y Blanco hayan dicho que "no tenemos ninguna duda ni ninguna vacilación: hay que estar juntos para derrotar a ETA" y que "lo importante es que todos compartamos el objetivo, el trabajo y el esfuerzo para acabar con ETA". Y por eso es una buena noticia que todos los grupos políticos, la patronal y los principales sindicatos hayan consensuado una declaración de repulsa ante el atentado en la que se afirma: "Queremos responder con unidad y firmeza a esta nueva acción criminal". Buenas noticias que sólo dejarán de ser palabras para convertirse en el primer gesto que inaugure una nueva etapa en la lucha antiterrorista si esta unidad, yendo más allá de los discursos y las intenciones, se ve confirmada por los hechos.

En gran medida ello depende del presidente del Gobierno. Ayer dijo que "el peso de la ley, la justicia y el Estado de derecho harán rendir cuentas a quienes han cometido esta barbarie criminal". Para que esto sea posible será necesario, además de la unidad, cambiar lo que sea necesario para que la ley pese de verdad sobre los asesinos; es decir, que se endurezcan las penas y se cumplan íntegramente. Porque en la situación actual, el de la ley es un peso pluma del que se ríen los asesinos en la cara de los jueces y de sus víctimas.

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