Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El polígamo

LA vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, se sintió horrorizada el domingo en Niamey, Níger. Que la vicepresidenta del Gobierno de un país europeo, en visita oficial, experimente y manifieste un agudo e imprevisto sentimiento de aversión hacia algo o alguien es un hecho inusual y extraordinario. Los estadistas suelen ser gente dura de pellejo y, por tanto, impermeables a los terrores y familiarizados con las carencias y los excesos del prójimo. ¿Qué es lo que atemorizó de esa manera a Fernández de la Vega? La visión de un polígamo o, mejor dicho, su cercanía física: la de él y la de sus tres esposas. El comportamiento del hombre y su familia con los visitantes españoles fue, sin embargo, cortés y educado.

El hombre que aterrorizó a la vicepresidenta trabaja en un centro industrial en el que se procesan y seleccionan chufas que dirige en Níger un empresario español. El hombre y sus esposas recibieron a la estadista española con gran afabilidad e incluso le ofrecieron cestos con flores. Fernández de la Vega aceptó de buen grado los obsequios hasta que descubrió que eran sus esposas. Entonces le sobrevino el terror, un terror que tiene raíz religiosa: el miedo frente al impuro que ha desafiado el tabú y que amenaza con contagiar su mancha a todos los circunstantes. No fue la única persona de la comitiva que sintió el pavor del infectado. La secretaria de Estado de Comunicación, Leire Pajín, y la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, se retiraron a un segundo plano.

Produce una inquietante impresión que los representantes del Gobierno de España experimenten una crisis de miedo frente a un polígamo, pues estarían obligados a abominar de una parte importante del mundo. La poligamia masculina, prohibida en España -y desde nuestro punto de vista cultural indigna y abominable- se practica en numerosos países ajenos a los tabúes judeo-cristianos. Pero ¿por qué la mención a la poligamia y no, en primer lugar, a otras discriminaciones, esencialmente económicas, que mantienen a millones de personas de ese mismo continente bajo la afrenta constante y permanente de la hambruna si el motivo del viaje era la reunión Mujeres para un mundo mejor?

Los políticos de cada país, en cierto modo, encarnan la sensibilidad, si no de la totalidad de sus compatriotas, sí de la mayoría y, en concreto, de la mayoría ideológica sobre la que se fundamenta su poder, pues los miedos son casi siempre representaciones simbólicas de una determinada moral. El horror de Fernández de la Vega en Níger ante un polígamo es la caricatura de un tipo de moral europea en apariencia racional, pero repleta de tópicos y prevenciones timoratas.

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