La tribuna

emilio A. Díaz Berenguer

Es la política, idiotas

DESDE que en las presidenciales de 1992 el candidato Clinton le espetó a su rival republicano, el viejo Bush, "Es la economía, idiota", la globalización ha avanzado vertiginosamente, de manera que para conseguir objetivos de redistribución de la riqueza ya no es necesaria una guerra cruenta, como en el siglo XX. Basta con adoptar medidas políticas que limiten la capacidad de las instituciones públicas para regular la economía. Con la liberalización de los mercados financieros se logra un reajuste, a corto plazo, de la distribución de las rentas. El modo de hacer es el que algunos han bautizado como "la doctrina del shock": medidas rápidas y drásticas, que provocan la incapacidad para reaccionar de los afectados.

Si el ex presidente demócrata estadounidense se dirigiera hoy al candidato republicano es probable que cambiara su frase por esta otra: "Es la política, idiota". Hoy es la política la que debería controlar a la economía, y no al revés. Estamos inmersos en una gran crisis económica a la que nadie ofrece una hoja de ruta para alcanzar el final del túnel, ni una medida del tiempo necesario ver la luz. Se implementan medidas de grave repercusión para la ciudadanía que, por su falta de consistencia, se alteran a los pocos días, e incluso horas.

Nadie con una mínima formación en materia macroeconómica puede creer que esto se produzca por casualidad. El factor humano proyecta sus condiciones subjetivas, pero la realidad es que estamos ante un tablero de juego que no es el de una mera crisis económica. Lo que está ocurriendo lo saben muy bien aquellos que han venido incubando la crisis en un nuevo contexto de modelo globalizado, en el que la economía real se deslocaliza y pasa a depender totalmente de la economía financiera. Si hace falta, incluso requisando sus ahorros a los ciudadanos, generados en el contexto de la economía real de los bienes y servicios, para pasar a integrarlos en la economía financiera, basada en la especulación, mediante la compra y la venta de activos que no existen más que en la contabilidad de las empresas financieras. En España con el tema de las preferentes ha ocurrido lo mismo que en Chipre, pero afectando a los más débiles, con ahorros por debajo de los 100.000 euros. Cuando los mercados financieros entran por la puerta, la justicia y la ética salen por la ventana.

En este marco se está fraguando nuestro futuro a corto y medio plazo. Hoy el tablero es tan grande como el mundo, gracias, entre otras cosas, al desarrollo de la tecnología de la información y las telecomunicaciones. Los jugadores constituyen una oligarquía financiera que controla instituciones tan obsoletas como el FMI, que ha reorientado el punto de mira de sus armas hacia la Europa mediterránea. Las piezas del juego superan los 7.000 millones, con perspectivas de crecimiento, y con un cambio radical en el perfil de las pirámides de población en Europa, entre otras zonas, gracias al avance de la ciencia.

A cada pieza le han asignado una función. Se distingue a los peones privilegiados, a los que gratifican generosamente por su desclasamiento como mamporreros, de aquellos que integran la clase de tropa, gracias a la cual la economía real se sigue desarrollando. El objetivo es la reducción de los costes de la mano de obra directos, y de los indirectos por contraprestaciones sociales.

En el caso de Europa, esto se plasmaría en la reconversión de los países del sur en un área competitiva, en cuanto a costes de producción, con los Brics (43% población y 25% PIB mundiales). Para lograrlo, se cuenta con una globalización interesada y una Europa de los mercados, que no de los pueblos, y con un euro que segrega más de lo que une. En España, no sé si respondiendo a una estrategia determinada o, más bien, a una torpeza indeterminada, los dos últimos presidentes de los empresarios son los únicos que han dicho la verdad: "hay que trabajar más y cobrar menos".

Por cierto, si hace 60 años los países acreedores, entre los que se encontraban Grecia y España, le hicieron a Alemania una quita de más del 62% de su deuda pública, ¿por qué hoy no es posible aplicar hoy la misma medida, netamente política, a los países del sur de Europa? Por otra parte, Alemania oferta puestos de trabajo a personas altamente cualificadas procedentes de los PIGS, lo que se traduce en la descapitalización a medio y largo plazo de estos países. Pagamos la formación de la élite profesional para que sean otros los que la aprovechen y no la carguen en el déficit de sus cuentas públicas.

Como dice un exitoso anuncio de una multinacional, todo lo demás, son tonterías. La suerte está echada, a menos que los peones sean capaces de salirse del tablero lo antes posible, movilizándose contra las medidas de recortes. Sería la manera eficaz de que los jugadores constataran, "en vivo y en directo", que el tablero podría resquebrajarse si no se acuerdan nuevas reglas del juego. Y ellos saben que sin tablero, no hay partida.

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