Las dos orillas

José Joaquín León

La política de los robots

UN 28-F puede ocurrir lo más inesperado y sorprendente. Es cosa sabida desde el referéndum. Laura Mármol contaba el pasado viernes en su crónica de campaña de este diario que Manuel Chaves, después de cuatro años de legislatura esquivando el debate de su sucesión, lo abrió a 10 días de las elecciones, sorprendentemente, y hasta apostó porque sea una mujer su sucesora. Probablemente tenía en mente a la presidenta del Parlamento andaluz, Mar Moreno, aunque esto ya no lo dijera Chaves. Laura, que es una gran periodista y una mujer prudente, destacó que desde el PSOE negaron que el debate de la sucesión esté abierto, mientras comentaban en privado lo nefasto que puede ser plantear la sucesión a poco más de una semana de las elecciones, cuando todavía no ha sido reelegido.

Algunos pensarán que ha sido un lapsus de Manuel Chaves, que tiene algunos de vez en cuando; un exceso de sinceridad porque va sobrado. No creo que sea negativo. Es bueno que los políticos hablen con espontaneidad, con más humanidad. Vivimos tiempos en los que la política se ha robotizado. En el debate entre Zapatero y Rajoy ambos se ajustaron tanto al guión que les habían preparado sus asesores que en muchos momentos dieron la impresión de ser unos niños empollones que se han aprendido la lección de memoria, pero que no tienen ni idea de la realidad de la asignatura.

El político robotizado y ajustado al guión me recuerda a una famosa comparsa del Carnaval de Cádiz, que presentó un año Joaquín Quiñones, titulada Robots, con un tipo espectacular y muy aparatoso. Causó sensación, hasta que la maría de turno le dijo:

-Muy bonito, hijo, pero a ver cómo cantáis vestidos así en la calle.

Lo mismo pasa en estas elecciones, que se les encienden las lucecitas de los robots, recitan mecánicamente, son aparentes, pero muy poco naturales, y así se alejan de la calle. Quiñones, el de la comparsa, rectificó y ya sólo saca tipos poéticos, como el de este año, El mercado de las maravillas, un nombre que le vendría estupendamente a la campaña, lo que demuestra que la realidad imita al arte y la política copia al Carnaval.

Es bueno que Chaves abra el melón de la sucesión, porque alguna vez se retirará. Es poco probable que ocurra el próximo domingo, pero él sabe que si el PP avanza y se acerca, ese 61,6 por ciento que no lo ven como una alternativa de Gobierno, según la encuesta que publicamos, empezará a verlo. Chaves tiene la sabiduría del longevo, que le aporta su experiencia, y quizás empieza a considerar que una retirada en su momento será un triunfo que le revalorizará a los ojos de la historia. A veces lo mejor es irse a tiempo.

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