el prisma

Javier Gómez

Con la política hemos topado

CON sus 4.000 habitantes, conocido por sus vinos y pasas y ubicado en la falda de una de las montañas de la Axarquía malagueña, Cómpeta sería uno más de los cientos de pueblos encalados de Andalucía si no fuera por un par de circunstancias excepcionales. Casi la mitad de su población es extranjera, mayoritariamente británica, y su alcalde era antes el cura del pueblo. Católico, que no anglicano. Al relativamente joven José Luis Torres, que se considera aún sacerdote aunque no ejerza el ministerio por su excedencia política, hay quien por la calle lo llama alcalde y quien le sigue diciendo padre. Se trata de una figura muy querida en Cómpeta y aunque en 2007 se presentó bajo las siglas del PP, en alguna ocasión ha contado que todos los partidos le hicieron ofertas, quién sabe si en la discreción del confesionario. Era un fichaje muy tentador, porque Torres ha arrasado en las dos elecciones a las que se ha presentado. En la primera cita con las urnas logró un 69% de los votos (22 puntos más que su antecesor, el también popular y hoy condenado por delitos urbanísticos Leovigildo López) y en las de 2011 el 72%.

Pero ahora, quizás llevado por esos giros de veleta que da la política, el regidor-párroco se ha metido en un jardín de difícil salida. Es uno de los firmantes de la ponencia política que se debatirá la próxima semana en el congreso del PP malagueño, el más numeroso, que no el más poderoso, de Andalucía. Y en el documento, de entre el listado habitual de lugares comunes y desiderátum a incumplir en el futuro, destaca una propuesta: el PP debe retirar el recurso de inconstitucionalidad contra el matrimonio homosexual. También una progresista defensa de la adopción de niños por personas del mismo sexo. "¿Por qué inmiscuirnos en la vida afectiva de los españoles? No debemos poner barreras imposibles", plantea la ponencia redactada por el alcalde-cura con otros tres regidores populares. Huelga recordar la postura oficial de la Iglesia en ambos asuntos.

La coherencia no es, desde luego, uno de los principales valores de la política. No hay más que leer lo que sale cada martes y cada viernes del Consejo de Gobierno de la Junta y del Consejo de Ministros y luego compararlo con las promesas y declaraciones solemnes anteriores de sus integrantes. Tampoco ha sido tradicionalmente un mandamiento de férreo cumplimiento por una parte del clero. Pero el curioso caso del alcalde-cura de Cómpeta, que defiende el matrimonio homosexual, presenta el dilema de la incoherencia cruzada y constituye un bonito ejemplo de la deseable separación de Iglesia y Estado. Si Torres mantiene su escrito, debería despedirse de la sotana. Y si vuelve al redil de la ortodoxia religiosa, ¿con qué crédito seguiría en la política? No siempre se puede poner una vela a Dios y otra al diablo. A veces hay que apagar una de las dos.

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