La ciudad y los días

Carlos Colón

De pregones

QUE Pemán pronunciara en 1942 el primer pregón de la Semana Santa, tras las charlas de García Sanchís, fue un error políticamente correcto. Me explico: pese a que don José María fuera un buen escritor y un mejor articulista, poco sabía -por ser gaditano de origen, vocación y residencia- sobre nuestras hermandades, debiéndose su nombramiento a su alineamiento político con lo que entonces se consideraba correcto hasta el extremo de imponerlo como único; es decir, el Régimen del general Franco.

Al año siguiente, Luis Ortiz Muñoz sevillanizó el pregón, llevándoselo de la gaditana plaza de San Antonio a San Juan de la Palma. A partir de entonces fue pronunciado unas veces por capillitas que escribían, otras por escritores capillitas y las más por capillitas a secas. No se volvió a caer en la tentación pemaniana que en otros lugares se practica: invitar a escritores reconocidos pero foráneos, poniendo la fama y el mérito literario por encima del conocimiento (sobre todo afectivo) de la materia pregonada.

No mencionaré a los capillitas que escriben ni a los capillitas a secas que han sido pregoneros para no ofender a nadie, dada la generosidad con que en esta ciudad se administran las palabras escritor y poeta. Sí, en cambio, a los escritores capillitas (entendiendo capillita en el amplio sentido de devoto de alguna imagen sagrada y amante de nuestra Semana Santa, no sólo en el de miembro o satélite de una junta de gobierno). En mi opinión, falible como todas, sólo cuatro escritores han sido pregoneros: Joaquín Romero Murube, Joaquín Caro Romero, Antonio Burgos y Antonio Murciano. Todos los demás hemos sido (y me meto en el saco) abogados, historiadores, médicos, ensayistas, clérigos, periodistas, profesores, articulistas o, simplemente, capillitas. Que nada malo hay en esto lo demuestra que el pregón más admirado y aplaudido haya sido el de Rodríguez Buzón, poeta popular que nos regaló un pregón tal vez parecido al que hubiera dado Rafael de León de haber sido nombrado.

Esto nos lleva a los escritores sevillanos conocedores de nuestra Semana Santa -Juan Sierra, Rafael Laffón, Manuel Ferrand, Rafael Montesinos, Aquilino Duque o el propio Rafael de León- que, desgraciadamente, nunca fueron elegidos para decir el pregón. Un error, desde luego, al que también podrían sumarse los nombres Florencio Quintero, Sánchez del Arco o el aún elegible Manuel Lozano. Pero un error que, por reacción, no debería conducir a otro aún peor: el de creer que el pregón es cosa sólo de escritores o, más peligroso aún, de quienes creen serlo. Seguiremos otro día, que la cosa da para mucho.

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