Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

Menos prejuicios, más felicidad

SIEMPRE he pensado que, del lugar donde no te quieren -o no te respetan en la misma manera en la que tú necesitas-, mejor retirarte. Una decisión complicada, y cargada de una tristeza que inunda el alma -y de la que es difícil librarse-, pero que, sin embargo, es preferible a la de vivir bajo una incomprensión constante. Así, muchos son quienes, en el arte, se han visto forzados a marcharse lejos por circunstancias políticas, sociales o amorosas y, casi todos -recordemos, por ejemplo, el sangrante caso de Miguel de Molina-, lo hacen quejándose de lo especial que, para ciertas cuestiones, es -y sigue siendo- España.

Salvando las distancias, temporales y profesionales, hay quien, en la actualidad, va por esa misma onda buscando en Hispanoamérica el cariño sobre los escenarios que aquí les cuesta bastante más recibir. Es el caso de Falete y Rosario Mohedano los cuales, según me cuentan con regusto agridulce, han encontrado, cruzando el charco, la posibilidad de realizar unas prometedoras carreras en lo que de veras les importa a ambos: la música.

Así, Falete -que tiene a su ex, Isaac, todas las semanas en Sálvame recordándole que existe-, acaba de volver de Argentina y de México con la satisfacción de haber triunfado cantando y sin necesidad de acudir a programas del corazón a vender sus intimidades. Incluso, siguiendo los pasos de su amiga, Isabel Pantoja, ha contactado con Juan Gabriel para que, su próximo disco, nazca amparado por el aclamado compositor al que, no olvidemos, quien realmente encumbró fue la desaparecida Rocío Dúrcal. Por su parte, Chayo, a la que agradezco el hermoso mensaje de Navidad que me hizo llegar hace unos días, tiene en cartera un álbum donde, a ritmo de tangos, ha versionado algunas de las canciones más famosas de su tía, Rocío Jurado. "Me han criticado mucho por ser su sobrina pero nunca había grabado nada suyo. Ahora, que lo digan con razón", me venía a explicar hace no demasiado. Sinceramente, unos pocos menos de prejuicios, nos harían a todos mucho más felices.

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