Hoja de ruta

Ignacio Martínez

El presidente se esconde

LA encuesta del Instituto de Estudios Sociales Avanzados sobre las elecciones autonómicas de marzo arroja un resultado demoledor. No por los 10,4 puntos de ventaja del PP sobre el PSOE, que significarían una mayoría absoluta popular en el próximo Parlamento andaluz. El trabajo de campo se realizó entre el 26 de septiembre y el 21 de octubre, antes de la campaña y de unas elecciones cuyo resultado pueden cambiar tanto la intención como la estimación de voto. Lo demoledor es el entorno emocional. Tomo prestado este concepto de la hábil intervención de Cándido Méndez tras ver a Rajoy el miércoles, el mismo día que se publicó el amplio sondeo del IESA, realizado a una muestra de casi cuatro mil personas.

Si la intención de voto puede cambiar después de una campaña, los especialistas dicen que lo que no se mueve es el entorno emocional, que retrata el estado de ánimo de la ciudadanía y su tendencia. Y esa es la clave de esta encuesta. A la pregunta de si es deseable un cambio de Gobierno la respuesta es afirmativa por 73 contra 17. Es decir, incluso la mitad de los votantes socialistas consideran saludable que su opción política pase a la oposición.

Hay otros epígrafes cuya respuesta es muy reveladora. Los que les gustaría que ganara el PP superan a los que prefieren al PSOE por 35 a 27. Esos ochos puntos de margen se amplían a más de diez si se pregunta a los encuestados qué van a votar: 46,5 a 36 es la ventaja popular sobre la alternativa socialista. Y la distancia se convierte en sideral si el público dice quién cree que ganará: el PP, por 62 a 17. Aquí está el tuétano del resultado demoledor de esta encuesta, que deja a la actual mayoría en el Parlamento andaluz en precario a menos de cuatro meses de la cita con las urnas.

La puntilla del estudio es la comparación entre los dos líderes. Una mayoría notable considera a Arenas más capaz para introducir los cambios que Andalucía necesita, está mejor preparado para resolver la situación económica y tiene más autoridad dentro de su partido. Por menos margen, también gana a Griñán en inspirar más confianza y tener más credibilidad, mientras el actual presidente gana al jefe popular por algunos puntos como más dialogante, más honesto y mejor conocedor de los problemas de Andalucía.

Esta es la foto de la situación. Incluso una parte de quienes le van a votar no confía en el candidato socialista. Aunque Griñán tiene la obligación de decir a los suyos que la situación es reversible, el entorno emocional dice lo contrario. A ese cuadro clínico contribuye el escaso liderazgo social que ejercen sus dirigentes regionales, incluido su secretario general, que ayer dio un paso más. La ausencia de Griñán de la final de la Copa Davis es inexplicable. Mientras el cielo se cae sobre su cabeza, este presidente se esconde. Le puede su estado de ánimo.

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