La crónica económica

Manuel Hidalgo

La previsión económica

EN estos tiempos, la ciencia económica sufre su crisis particular. La razón: la tormenta de críticas que arrecia contra los que según muchos no fueron capaces de predecir la crisis en ciernes. Sin embargo, estas críticas obedecen a una sobrevaloración de la capacidad de la Ciencia Económica para prever sucesos económicos como estas crisis o cuando menos su intensidad.

Se equivocan los críticos cuando se argumenta incapacidad de previsión. El actual episodio fue descontado por todos los círculos económicos y en especial por los economistas. Como muy bien se suele decir, todo proceso de acumulación, y más si es exacerbado como el pasado, porta las semillas de su propia crisis. Los modelos de crecimiento se agotan, dando paso a procesos de ajuste. Esto se sabía, aún más si consideramos las características tan peculiares del crecimiento reciente. Lo que no quedaba claro era el modo en el cuál el ajuste se iba a producir. Esto sí ha sido una gran sorpresa, en parte porque este ajuste ha sido intensificado por variables que han hecho su aparición justo en el momento más inoportuno, como la escalada del precio del crudo, alimentos y otras materias primas.

En este sentido, la Ciencia Económica resulta injustamente discriminada frente a otras ciencias pues se espera de ella lo que no es posible. Un profesor de la Universidad de Sevilla nos argumentaba que el arte, científico, de la economía está más cerca del de la Medicina que de la Física. Los médicos advierten que si alguien lleva a cabo actitudes insanas sufrirá tarde o temprano algún mal. Pero al igual que fumar aumenta las probabilidades de adquirir enfermedades respiratorias, el hecho de hacerlo no asegura cuándo vendrá la fatalidad, cómo será ni incluso si ocurrirá. Los médicos predicen en función de una serie de variables y los resultados se miden en términos probabilísticos. En física, al menos la newtoniana, las probabilidades son parte ajena de gran parte de los cálculos. Los economistas juegan con probabilidades, por lo que no es función de estos predecir a ciencia cierta lo que va a ocurrir, sino como los médicos advertir de lo que puede suceder.

Por contra, para los economistas resulta relativamente fácil explicar lo sucedido. Y en esto aventaja a muchas otras ciencias. Por lo tanto es función de la Ciencia Económica advertir, predecir y explicar los sucesos de carácter económico, pero no fijar con ausencia de duda lo que va a ocurrir.

Por ello nadie dudaba, en los ámbitos económicos serios e independientes, de la venida de un ajuste como el actual que se tornará sin duda en crisis. Lo que sí es cierto es que pocos podían prever la magnitud y la rapidez del mismo. Sin embargo esto último no es achacable a la economía ni mucho menos a los economistas, pues es imposible prever lo que puede ocurrir conjugando miles de variables, posibles estados diferentes y millones de acciones diferentes llevadas a cabo por los agentes económicos.

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