EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

El principio de Ícaro

NO es exacto que nadie haya previsto esta crisis. Este mismo periódico, sin ir más lejos, publicó un artículo en el que se anunciaba la debacle que se nos venía encima. Y lo hizo hace más de un año, el 18 de septiembre de 2007, para ser exactos. Lo sé bien porque fui yo quien escribió ese artículo, que titulé El crack que viene. Cuando lo escribí, en plena euforia financiera, pensé que mi director y mi jefe de opinión me iban a tomar por loco. Por suerte no fue así. Y si acerté, tan sólo fue porque apliqué un principio elemental que me había enseñado mi abuelo: "Todo lo que sube, baja". Un pedante lo llamaría "El principio de Ícaro".

Ahora me permito hacer otra predicción, y es que no saldremos de esta crisis en menos de cinco años, y para ello habrá que tomar medidas impopulares que no serán posibles sin un alto grado de colaboración entre las fuerzas políticas (algo que hoy es impensable). Para que estas medidas sean eficaces, habrá que contar con la opinión de expertos independientes, aunque ahora nadie quiera saber nada de los "independientes". Y también hará falta grandeza humana, otra cualidad inexistente en nuestros partidos políticos, porque el pueblo sólo querrá aceptar los sacrificios si ve que los políticos (y los financieros que han ganado mucho dinero en estos años) también son capaces de asumirlos.

Para salir de esta crisis hay que cambiar de arriba abajo el modelo educativo. Si Rafa Nadal se hubiera preparado como tenista siguiendo los principios de la Logse, no habría llegado ni a recogepelotas. Hay que reintroducir los itinerarios, premiar a los alumnos más trabajadores y resucitar la Formación Profesional. La lengua española y las matemáticas deben enseñarse como fundamento de todos los demás contenidos. Y nadie podrá entrar en la Universidad sin un conocimiento aceptable de un idioma extranjero.

Pero hay que hacer muchas cosas más. Hay que auditar a fondo la Administración, sobre todo la autonómica, y evaluar los gastos imprescindibles y los gastos superfluos. Y hay que cambiar el ordenamiento jurídico, con una reforma penal que castigue de forma severa los delitos financieros. Y hay que calcular los costes reales de las energías renovables. Y hay que agilizar la Justicia cambiando el reglamento procesal. Y hay que elevar el nivel de la investigación y de la enseñanza universitaria. Si España no sitúa pronto una Universidad Pública entre las veinte más prestigiosas del mundo, estamos perdidos.

La tarea es gigantesca y sólo podrá hacerla un Gobierno de coalición dirigido por una persona llena de inteligencia y coraje que sepa trasmitir a la población la misma inteligencia y el mismo coraje. ¿Hay alguien así en este país? Eso es lo que no sé.

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