Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

"Tenemos un problema..."

LA imagen de Rodríguez Zapatero lleva bastantes trimestres en recesión y su popularidad no mejora con los tímidos repuntes de la economía. Los cálculos de hace dos años, cuando se veía posible la recuperación de un hombre con suerte, no se verifican. Ninguno de los presupuestos barajados -incluida la presidencia española de la UE y el efecto Obama- se ha verificado. Y lo más grave: el que era baluarte irrenunciable del Gobierno y principal activo electoral -las políticas sociales- ha caído.

El recorrido por los distintos mapas electorales muestra un panorama preocupante para los socialistas. Y no es que la oposición haya hecho una labor descollante y que sus propuestas alumbren las penumbras del poder. En absoluto. Como en aquella guerra desigual donde el ejército mejor dotado no disparaba sobre los aviones enemigos, dicen los populares que no hace falta gastar munición, sino dejar que el rival se estrelle… Además, las flaquezas del Gobierno atenúan el foco sobre la corrupción y las crisis del oponente.

Es fácil decirlo ahora, pero no deja de ser cierto que Rodríguez Zapatero nunca transmitió las mejores vibraciones del líder, algo que también le sucede a Rajoy, si bien, de momento, el primero ha ganado las dos elecciones generales que el segundo ha perdido. Las encuestas suspenden al presidente del Gobierno, pero sitúan en el mismo plano de rechazo a su alternativa, al líder popular. Si hay recambio, será un mal recambio.

Vistas así las cosas, cabe imaginar que la opinión pública quiere que se renueven las caras más desgastadas. Los populares saben que si Zapatero es el candidato a la Presidencia, las debilidades de Rajoy quedarían compensadas por la creciente pérdida de popularidad de aquél, que aún sufrirá más tropiezos después del 29 de septiembre, tanto en Cataluña como en la negociación de los presupuestos de 2011. La huelga general, denostada por quienes ya han sido rescatados de la crisis con el sacrificio de los más débiles, acentuará las contradicciones de un presidente que, en la lógica política de su biografía, tendría que hacerse una huelga a sí mismo.

Ante la opinión, Zapatero es la imagen visible de una crisis que empezó negando. Alargar su liderazgo, creen algunos en sus filas, avalaría la discutible tesis que afirma que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el Gobierno, pero también dilataría mucho el ciclo de recuperación de los socialistas. Con un cambio en el cartel se evitaría la extenuación de una figura con escaso carisma, cuya personalidad se desdibuja en la imagen de un hombre bueno sobrepasado por las circunstancias.

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