la tribuna

Antonio Montero Alcaide

La ESO es el problema

Acasi dos décadas de su implantación completa, afirmar que la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) es uno de los problemas acuciantes del sistema educativo español resulta obvio. Es más, casi empezó a ser motivo de preocupación no mucho tiempo después que las antiguas enseñanzas de la Educación General Básica (cursadas de los seis a los catorce años de edad), se sustituyeran -Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (1990) mediante- por la Educación Primaria (seis a doce años) y la Educación Secundaria Obligatoria (doce a dieciséis años de edad). La prolongación en dos años de la escolaridad básica y obligatoria, que ajustó el sistema a los de nuestro entorno, trazó un marco para las enseñanzas necesitado de condiciones que, con el paso del tiempo, no se alcanzaron.

Una dificultad principal ha sido la de establecer una falla en el carácter unitario de la educación obligatoria, repartiéndola entre distintos centros (colegios de educación primaria, institutos de educación secundaria), docentes (maestros de educación primaria, profesores de educación secundaria, con formación inicial y socialización profesional bien diferentes) y, al cabo, modelos educativos (la enseñanza "comprensiva" más aceptada en la educación primaria, la enseñanza de las disciplinas más característica de la educación secundaria).

Asimismo, en la ESO confluyen dos elementos de identidad: se trata de una etapa a la vez terminal (concluida la cual, los alumnos pueden no continuar otros estudios e incorporarse a la vida laboral) y preparatoria (ya para enseñanzas posteriores de carácter profesional -ciclos formativos de Formación Profesional- o académico -las modalidades del Bachillerato-). Y esta doble naturaleza dispone, en lo que se refiere a sus enseñanzas, de un modelo "comprensivo", con numerosas materias comunes y sólo una ligera posibilidad de opciones y de materias optativas en el último curso.

Pues bien, la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa, dependiente de la Consejería de Educación, ha hecho públicos los resultados de las Pruebas de Evaluación de Diagnóstico aplicadas a todo el alumnado en Andalucía de los cursos 4º de Educación Primaria y 2º de Educación Secundaria Obligatoria. Tales pruebas formulan cuestiones que, basadas en los contenidos de las enseñanzas, reparan en el conocimiento aplicado -ya a situaciones escolares como, sobre todo, de la vida real- para constatar las competencias educativas que alcanzan los alumnos en distintos ámbitos: preferentemente, en razonamiento matemático y en comunicación lingüística (lengua española).

La relevancia del estudio, el de mayor número de alumnado en España, es evidente con sólo señalar que se ha aplicado a 88.336 alumnos de Educación Primaria y 90.243 de Educación Secundaria Obligatoria. Para analizar los resultados, se reparten las puntuaciones obtenidas por los alumnos en seis niveles progresivos (de 1 a 6). Pues bien, el promedio que alcanza el alumnado de ESO en el curso 2010-2011, si se estiman los seis niveles, es de 3,47 puntos en razonamiento matemático y 3,54 en comunicación lingüística. En ambas competencias desciende la puntuación con respecto a 2009-2010 (0,41 en razonamiento matemático, 0,30 en comunicación lingüística). Además, en los niveles más bajos (1 y 2) se sitúa casi uno de cada cuatro alumnos para esas mismas competencias.

Y, considerada la edad del alumnado, el 30% de los que estaban escolarizados en 2º de ESO ya habían repetido una (20%) o dos veces (10%) de curso. Aunque no son objeto de las Pruebas de Evaluación de Diagnóstico, estos datos pueden unirse a los del porcentaje de alumnado que no obtiene el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria en Andalucía: con los datos disponibles del curso 2007-2008, uno de cada tres no lo consigue, y se registran importantes diferencias entre alumnos (el 40% sin título, dato de especial preocupación) y alumnas (el 26% sin título). Carecer de este título, entonces, dificulta de manera significativa las posibilidades de inserción laboral o la continuidad en vías profesionales o académicas de estudios posteriores.

Luego los diagnósticos parecen claros, aunque no tanto las medidas necesarias para afrontarlos. Cierto que se ha previsto recuperar itinerarios en el último curso (4º) de la ESO, que se flexibiliza la obtención del título y que se promueve la continuación de estudios, pero la ESO requiere medidas estructurales que estimen, de más mejor manera, tanto la naturaleza y el carácter de la educación obligatoria como, por esto mismo, el tipo de enseñanzas, centros y docentes que han de procurarla.

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