la esquina

José Aguilar

Un programa, al fin

FALTA aún mucha concreción, sobre todo en materia de ajustes y recortes, pero lo primero que se puede decir del discurso de Mariano Rajoy es que por fin explicó algo parecido a un programa de gobierno. A expensas de lo que se ha reservado para los presupuestos de 2012, ya se puede decir que se sabe por dónde quiere llevar la gobernación de España.

Y no con vaguedades, buenos deseos o mantras gaseosos, sino con medidas precisas y detalladas: no reposición de funcionarios, pago del IVA una vez cobrada la factura, revalorización de las pensiones, deducción fiscal por vivienda, eliminación de la mayoría de los puentes laborales, un año más de bachillerato, revisión de las televisiones públicas, rechazo a las prejubilaciones falsas..., todo ello presidido por el eje básico de su política económica, que es el ahorro de 16.500 millones de euros para cumplir el compromiso del déficit. Son medidas discutidas y discutibles, pero que expresan un compromiso nada inconcreto.

La otra gran novedad de esta investidura, al menos en la sesión de ayer, fue el carácter constructivo, sereno y de altura intelectual que tuvo el debate, presente en las intervenciones de Rubalcaba y Duran Lleida y las réplicas de Rajoy. Hace tiempo que en el hemiciclo del Congreso no se registraba una sesión tan sin crispaciones ni insultos. Como si los oradores hubieran asumido que, pasadas las elecciones y su inevitable sectarismo, lo que importa son los graves problemas de España y que, ahora sí, toca arrimar el hombro para sacarla del túnel, o no habrá salida.

Resultó evidente en la actuación de Rubalcaba, que no tuvo inconveniente en mostrar su apoyo a varias de las iniciativas de Rajoy y proponerle pactos en sanidad, reforma de las administraciones y política exterior, lo que no impidió que le apretara las tuercas hasta hacerle confesar que no cambiará la edad de jubilación a los 67 años que el PP había votado en contra y que explicitara su desconfianza en lograr el ahorro pretendido rebajando, a la vez, los ingresos fiscales y sin recortar las prestaciones educativas, sanitarias y de servicios sociales.

Incluso frente a Duran encontró Rajoy puntos de coincidencia en las reformas a acometer y las ayudas a la actividad productiva, y eso que el nacionalista envió a la cámara su mensaje más soberanista instrumentado en el pacto fiscal. "España nos está haciendo más pobres. La gente de Cataluña está harta, y nosotros también", dijo Duran Lleida, a lo que el candidato a presidente respondió reiterando su énfasis en el crecimiento y el empleo, que favorecerá a todos, y también a Cataluña. Hubo mano tendida de Rajoy, aunque pienso que sus líneas rojas no las puede traspasar.

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