la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Un programa para el sector del turismo

UNA conferencia, la semana pasada, del Consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez, me resultó especialmente interesante, sobre todo, por la propuesta de unificar esfuerzos, y la forma de llevarla a cabo.

Los datos del sector muestran una diferencia entre el turismo internacional, que sube en este año respecto al anterior alrededor de un 5%; y el nacional, que disminuye en un porcentaje algo superior, con una caída que se acentúa en octubre, de casi un 8%. Esto es explicable por la caída general de la capacidad de consumo en España, pero es muy negativo para Andalucía, líder en turismo nacional, con una diferencia de cinco millones de pernoctaciones respecto a la comunidad que va segunda. Aquí el efecto de la subida del IVA debería notarse en el gasto de la actividad turística y otras relacionadas como el ocio y los deportes, con subidas desde el 8% al 21%, pero esto tendría más impacto en el turismo internacional con respecto a otros destinos, que en el nacional, donde todos están sujetos al mismo IVA.

El turismo es prácticamente la única actividad relevante que soporta la recesión, por lo que la estrategia de la Junta resulta vital. De la intervención del consejero destacamos cuatro ideas principales. La primera, articular las energías, el conocimiento, la experiencia de los que forman el sector, empresarios y trabajadores, para discutir una estrategia competitiva; para ello se propone la participación del sector en la toma de decisiones (como puede ser la promoción) junto con la Administración. La segunda idea es que los recursos son escasos, lo que obliga a valorar muy bien las actuaciones; esto exige utilizar técnicas estadísticas que vinculen bases de datos, y de comunicación en redes, para la promoción óptima, buscando objetivos, temporadas y segmentos de clientes concretos. La tercera idea es tener un plan único de promoción para Andalucía, que aglutine el sector, patronatos, ayuntamientos, la Junta y la Administración del Estado, en torno a una marca única de promoción de Andalucía como referente del Sur de Europa. También exige una colaboración entre consejerías para promover cultura y deporte, desarrollo del turismo interior y rehabilitación de espacios.

Por último, pero no lo menos importante, se definió un objetivo de crecimiento con creación de empleo de calidad; esto es fundamental, pues la profesionalidad y la formación deben ser condiciones para mantener un turismo de calidad a largo plazo, y las empresas productivas deben reconocerlo en forma de buenos salarios.

Más allá del turismo como industria, la sostenibilidad a largo plazo de la misma exige desterrar el concepto de territorio como un bien consumible. Hay que dar un sentido a las cosas más allá de la acción y el progreso material inmediato; en efecto, resulta difícil evitar la tentación de exprimir el turismo, aferrándose a él como la única fuente actual de crecimiento visible, pero ya sabemos las consecuencias que esta forma de actuar ha tenido en el pasado en otras actividades. Cuando se disocia la política productiva del presente, de los requisitos de calidad de nuestra vida futura, el resultado suele ser nefasto.

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