Sine die

Ismael / Yebra

El pueblo en la cara

ESPAÑA, es verdad, huele a pueblo. Somos un país agrario que ha devenido en urbano por mor de la necesidad, pero la mente de la gran mayoría aún no ha salido del pueblo. Unamuno dijo, y ya hace años de ello, que son muchos los que pasean su cuerpo en un automóvil mientras su mente va en carro. Vaya si nos conocía bien Don Miguel. No hay más que ver el apego que sentimos por la propiedad de la tierra y cómo la consideramos una especie de reino taifa y exclusivo sin la más mínima conciencia comunitaria, llámese piso, adosado o parcela. El sentido de la propiedad está fuertemente arraigado como corresponde a las sociedades rurales. Los españoles preferimos comprar mil veces antes que alquilar. Necesitamos complacer el atávico instinto de posesión, nunca mejor expresada que en aquella frase del señor Cayo, el del disputado voto, que decía lo mío es mío y lo de todos no es de nadie.

La estrecha e inmovilista sociedad rural la tenemos marcada genéticamente. Basta mirar la manera de comer de los obreros en la ciudad para descubrir que lo urbano difícilmente entrará en sus mentes. La chacina cortada a trozos con una navaja apoyada en un trozo de pan, la forma de caminar sobre el asfalto como si se estuviesen sorteando piedras o terrones arados, la mirada aviesa y desconfiada como quien protege su territorio ante invasores y alimañas. La vieja necesidad rural de estar permanente defendiendo lindes y senderos. Y sobre todo la cara. El campo y el pueblo marcan la expresión y la apariencia durante generaciones. El traje y la corbata rara vez consiguen disfrazar al ejecutivo arribista que triunfa en la ciudad tras abandonar el pueblo. Como decía Delibes en Viejas historias de Castilla la Vieja, el Aniano tenía el pueblo en la cara.

Ni mejor ni peor. Pla, en El pagés y su mundo, nos describe la rudimentaria forma de ser de los campesinos del Ampurdán. La obra de Delibes está llena de personajes representativos de la más ancestral Castilla. Mundo rural presente en las obras de Cela, Cunqueiro, Halcón y Grosso, entre otros. Estamos en Europa, pero la España negra parece permanecer latente en pleno siglo XXI y, de vez en cuando, renace como el ave fénix para helar el corazón de algún españolito. Incendios forestales intencionados, asesinatos por celos pasionales, economía sumergida, subsidios generosos. España progresa y avanza, pero sigue oliendo a pueblo.

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