la ciudad y los días

Carlos Colón

Ya no se puede seguir mintiendo

EL problema no es únicamente ETA. La banda terrorista, que aún no se ha disuelto ni entregado las armas, es sólo la punta sangrienta de un iceberg. El problema es su parte sumergida, el apoyo social que tiene el nacionalismo radical. Lo único de bueno que han tenido las legalizaciones de Bildu y Amaiur ha sido mostrar el tamaño de esa parte sumergida del iceberg, poner cifras al apoyo social que la izquierda nacionalista radical tiene en el País Vasco, acabar con la monserga de "vascos sí, ETA no" que pretendía minimizar los apoyos que ETA y la llamada izquierda abertzale tienen en la sociedad vasca.

Ahora todos saben lo que durante tanto tiempo se negó o no se quiso ver: Bildu y Amaiur resultaron ser, en las últimas elecciones municipales y generales, las segundas fuerzas más votadas. Ello gracias, no pese, a que no reconocen que hubo víctimas por un lado y asesinos por otro, sino que pretenden igualar las víctimas y sus verdugos; a que reivindican más o menos abiertamente los asesinatos etarras como parte de una lucha que ha hecho posible esta situación que ellos llaman paz; a que utilizan tramposamente esta palabra como si el terrorismo, al que denominan conflicto armado, fuera una guerra entre un estado invasor y la resistencia de los invadidos; a que llaman presos políticos a los asesinos encarcelados.

Los votos obtenidos por Buildu y Amaiur han permitido que nadie pueda negar ya la evidencia de que el problema no es únicamente ETA. La multitudinaria manifestación -"colosal" según sus organizadores- que el pasado sábado recorrió las calles de Bilbao pedía la "repatriación de los presos vascos" y sus muchos miles de integrantes coreaban "¡Presos vascos a casa! ¡Amnistía para todos!". Antes de su inicio el diputado de Amaiur Xavier Mikel Errekondo y el coordinador general de Aralar, Patxi Zabaleta, llamaron a los asesinos encarcelados "presos políticos", incumpliendo otra de las condiciones inútilmente impuestas por la Audiencia Nacional.

Tras tanta impunidad en declaraciones y consignas, y tan abrumadora participación, los organizadores han calificado la "colosal" manifestación de "histórica"; y celebrado que haya hecho "inevitable para el mundo mirar hacia Euskal Herria", donde la "mayoría abrumadora de un pueblo" reclama la "repatriación", si no la amnistía, de los presos. Concluyendo que "hoy y aquí hemos marcado un hito que sin duda nos refuerza y nos da un fuerte impulso para seguir recorriendo esta senda". Lo peor es que tienen razón en lo que al apoyo social se refiere y, me temo, en que se seguirá por esta senda. Lo mejor es que ya no se puede seguir mintiendo.

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