Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

No pueden

DE todas las enseñanzas que arrojan las elecciones del pasado domingo me quedo con una: Podemos está incapacitado para ser un partido de mayorías a no ser que se produzca un cataclismo social. El PP fue el beneficiario de una reacción de miedo por parte de las clases medias -o lo que queda de ellas después de la crisis- ante el riesgo de que una formación que la mayoría juzga como extremista y dispuesta a cargarse el sistema llegara sola, o en compañía de los socialistas, al Gobierno. La suma del experimento político de Pablo Iglesias y los restos de ese alma en pena que es el comunismo español desde hace décadas quedó reducido a lo que de verdad representan en nuestra composición sociológica: el sector radical que existe en todas las sociedades avanzadas y que supone lo que IU era capaz de llevar al Congreso en los tiempos del bipartidismo, a lo que se añade una parte muy representativa de los menores de 30 años para los que su universo son las redes sociales y que ven cómo se les está poniendo todo tipo de dificultades para acceder a una carrera profesional siquiera como la que tuvieron sus padres. Es un sector al que le encajaría a la perfección esa frase atribuida, como tantas otras, a Churchill que sostiene que quien a los veinte años no es revolucionario no tiene corazón y que quien lo sigue siendo a los cuarenta lo que no tiene es cerebro. Fuera de esos dos colectivos, Podemos representa muy poco y produce enorme inquietud en capas muy amplias, por lo que está destinado a moverse en los entornos de los resultados que tuvieron el domingo. Por si esto fuera poco, su entrada en la política de verdad, la de gestionar asuntos al margen de los grandes eslóganes, no ha entusiasmado ni a los propios, como se ha puesto de relieve con el mal resultado que ha sacado en Cádiz donde su alcalde está demostrando ser algo peor que un mediocre.

Lo único que puede alterar esta situación es que el PSOE se empeñe en suicidarse como parece que lleva haciendo desde hace ya demasiados años. Si son sensatos deberían escuchar a Susana Díaz, replegarse a la oposición y desde allí reconstruir su proyecto político, su liderazgo y su estrategia. Ahora no tiene ninguna de estas tres cosas y sin ellas no irán a ningún sitio. Incluso en Andalucía, las siglas empiezan a hacer aguas. El PSOE sigue siendo un partido imprescindible en el sistema democrático, pero tal y como está no puede aspirar a gobernar España. Si no se levanta y deja todo el espacio de izquierdas libre, Pablo Iglesias, que por ahora no puede, terminará pudiendo. Travestido de socialdemócrata si le hace falta.

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