Crónica personal

Pilar Cernuda

En el punto de partida

AL mismo tiempo que Pablo Iglesias presentaba a los periodistas su versión catastrófica del encuentro con PSOE y Ciudadanos, el Gobierno tomaba la decisión de retirar el embajador en Venezuela por las nuevas descalificaciones vertidas por Maduro contra el presidente de España. Al mismo tiempo que el líder de Podemos dejaba bajo mínimos las ilusiones de Sánchez de convertirse en presidente, el ministro Margallo daba las instrucciones pertinentes para expresar su repulsa al personaje que ha llevado a Venezuela a la miseria pero con Chávez puso a disposición de Iglesias los fondos necesarios para crear un partido político.

Los acólitos de Sánchez dicen que Rajoy es el culpable de que la reunión del jueves de Ciudadanos con Podemos y PSOE no haya servido para nada. Vaya disparate. Acusan a Rajoy de inmovilismo en todos los idiomas, y luego resulta que es el responsable de que Sánchez se haya pegado un trastazo en su idea de convertirse en presidente amigando a dos partidos contrapuestos. Pero aún hay más disparates: Rivera, que también ha acusado a Rajoy de inmovilismo y que ha dicho que no se sentaría a negociar con el PP mientras no cambiaran de candidato, clama ahora por negociar con Rajoy. ¿Sobre qué? ¿De verdad pretende que Rajoy apoye un Gobierno de PSOE y Ciudadanos con Sánchez de presidente?

Hay momentos, como éste, en que ya no se sabe si ciertos dirigentes políticos pretenden tomar el pelo a todo el mundo o, lo que es peor, son así. Son así de incapaces de ver cómo es la realidad porque no quieren verla, no les interesa. Sánchez no quiere admitir que Rajoy ganó las elecciones y que con su candidatura -la de Sánchez- el PSOE tuvo un resultado vergonzoso el 20 de diciembre. Rivera por su parte se niega a aceptar que es cuarta fuerza, no segunda ni primera, como le auguraban algunos sondeos meses antes de las elecciones, sino cuarta. Así que volvemos a donde estábamos: no hay Gobierno si no se llega a un acuerdo con Rajoy, porque las matemáticas son lo que son, una ciencia exacta, y lo que no suma no suma aunque Sánchez se empeñe en lo contrario. Y además el PP puede bloquear en el Congreso todas las leyes que necesiten mayoría cualificada, algo de lo que sí se había dado cuenta Albert Rivera, aunque no el Pedro Sánchez que vive en su nube idílica.

Rivera quiere negociar con Rajoy. Y Rajoy con él y con Sánchez. Pero con una condición inamovible: para él la presidencia del Gobierno. Porque ha ganado y porque no quiere apoyar a un Sánchez que pretende desmontar lo que ha hecho en los últimos cuatro años.

Le acusaban de estar quieto, pero se ha cargado de razón: mejor quieto, pendiente del resultado de las maniobras de quienes no querían hablar con él, que pegarse un castañazo con negociaciones que no conducían a ninguna parte.

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