La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Somos, somos, puritanas

Tras 'Carmen' cientos de obras deben censurarse al son de la canción de 'Historias de la frivolidad'

En Florencia se ha estrenado una producción de Carmen de Bizet en la que la cigarrera ya no muere a manos de don José, sino que lo mata. Las razones del cambio introducido en el final de la ópera se las pueden imaginar: la nueva censura de la corrección política. Los censores de Franco convirtieron a los amantes en hermanos en Mogambo y la censura políticamente correcta cambia la obra de Bizet. Según el director de la Fundación del Teatro Maggio Musicale de Florencia la intención era darle un final más moderno y correcto: "En un momento en que nuestra sociedad tiene que soportar el asesinato de mujeres, ¿cómo podemos atrevernos a aplaudir el asesinato de una mujer?".

No sé con qué ojos vería y con qué oídos oiría este señor Carmen, pero me da miedo pensarlo. ¿Va a resultar que al término de la representación lo que se aplaude es el asesinato de Carmen y no la interpretación de los cantantes y de la orquesta? Entonces al final de "Otelo" lo que se aplaude es el estrangulamiento de Desdémona, no el texto de Shakespeare, su dirección y su interpretación. En cuanto a Medea y otras tragedias griegas se me ponen los pelos de punta al pensar qué aplaude el público. Urge que los rectores florentinos y el perpetrador de esta Carmen las reescriban todas. Y primero la de Eurípides. Aunque como en Medea es una mujer la que asesina a otra y la que mata a sus hijos varones, a lo mejor la censura de la corrección política no tiene nada que decir. Porque llama la atención que en esta versión censurada de la ópera de Bizet se considere un final correcto que Carmen asesine de un tiro a don José. Defensa propia de una mujer maltratada, supongo.

Dos dudas tengo. ¿Le cambiarán también la letra a la habanera, por considerar que insiste en el tópico machista de la mujer fatal, y se suprimirá el aria del toreador por celebrar a un "asesino" de animales? ¿Y no hubiera sido aún más correcto que Carmen asesinara a Escamillo en vez de a don José, para disfrute de los antitaurinos? Queda mucho por hacer. Los censores tienen una agotadora tarea por delante. Decenas y decenas de obras de teatro, cuadros, óperas, novelas y películas que urgentemente deben repintarse, reescribirse o alterarse mientras se entona el "somos, somos puritanas; usamos tijeras, usamos tinteros, quitamos lo malo, tachamos lo feo" de Historias de la frivolidad de Chicho Ibáñez Serrador.

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