La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Contra el puritanismo comercial

Cien artistas e intelectuales francesas oponen la libertad crítica europea al puritanismo comercial estadounidense

Ayer me atrevía a escribir, porque no ignoro el poder de la censura de la corrección política, que el fondo puritano estadounidense ha provocado en Hollywood otra caza de brujas, lista negra incluida, que ha truncado carreras sin procesos que demuestren la culpabilidad de los denunciados. Las necesarias denuncias de abusos largamente silenciados se han convertido en linchamientos puritanos e autoinculpaciones propias del estalinismo. Casualmente el mismo día -afortunadamente Europa es Europa- cien artistas e intelectuales francesas, encabezadas por Catherine Deneuve, han publicado un manifiesto contra el "puritanismo sexual" y el movimiento #MeToo ("denuncia a tu cerdo" en su versión francesa).

"La violación es un crimen -dicen-. Pero cortejar de forma insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista… Desde el caso Weinstein se ha producido una toma de conciencia sobre la violencia sexual ejercida contra las mujeres, especialmente en el marco profesional, donde ciertos hombres abusan de su poder. Eso era necesario. Pero esta liberación de la palabra se transforma en lo contrario: se nos ordena hablar como es debido y callarnos lo que moleste, y quienes se niegan a plegarse ante esas órdenes son vistas como traidoras, cómplices, (…) pobres indefensas bajo el control de demonios falócratas".

Una de las firmantes, la escritora iraní exiliada Abnousse Shalmani, ya había advertido que "el feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo y condena". En el manifiesto se denuncia cómo a través de las redes sociales se ha desatado "una campaña de delaciones y acusaciones públicas hacia individuos a los que no se deja la posibilidad de responder o defenderse… Una justicia expeditiva [que] ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su oficio, obligados a dimitir…". Algo propio de una "moral victoriana" o de "extremistas religiosos" (guiados hipócritamente por intereses comerciales) con peligrosas consecuencias, además de para los condenados sin juicio por los medios y las redes, para la cultura. Y citan las presiones de los editores, la censura en el metro de Londres de unos carteles que anunciaban el centenario del expresionista Egon Schiele, la petición de retirar un cuadro de Balthus del Metropolitan de Nueva York o las manifestaciones contra una retrospectiva dedicada a Polanski en París.

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