las dos orillas

José Joaquín León

Lo que queda de Andalucía

LA Andalucía imparable de Manuel Chaves ya no es lo que era. Queda poco. No se sabe si queda Griñán, que ya no es su amigo, aunque ellos dicen que sí. Y Andalucía dejó de estar imparable, hace ya tiempo. Con una tasa de paro en torno al 30% está bastante parada. Por todo ello, la imagen que ahora trasciende de lo andaluz en otras tierras de España es diferente. Ya no piensan por ahí que vamos bailando y cantando por las calles, al son de las castañuelas y agitando los faralaes, mientras llegan las subvenciones de Bruselas y nos dan de comer con las pitas pitas gorgoritas del PER. La Andalucía de hoy en día es como Fukushima, pero sin necesidad de tener escapes en una central nuclear.

La Junta de la Fukushima de San Telmo va de una en otra. Hay algunos que se han quedado ahí, como si fueran los trabajadores suicidas que contienen el escape, sabiendo que llegará el día en que van a caer, pero dispuestos a resistir hasta que puedan. Y mientras, los lobbys con sus ajustes de cuentas: los Eres de éste, los chanchullos de aquél, el hijo de su madre y de su padre, el otro que pasaba por allí y aprovechó para dimitir. Luis Pizarro se fue a Conil, en vez de irse a Alcalá, a proclamar que su presidente es el de la Andalucía imparable, no el de la Andalucía parada; y el secretario provincial riéndole las gracias, aprovechando que también pasaba por allí. Conil fue como un Rodiezmo del sur, pero sin mineros y sin Alfonso Guerra. No se habló de otra cosa en los telediarios.

El tsunami político andaluz nos asemeja a Fukushima. Rara es la semana que no hay un terremoto y pone a todos en el desasosiego. No se sabe a quién se van a llevar por delante, ni a quién le darán por detrás. Sólo que nunca será igual, ya no volveremos a tener la Andalucía imparable. Si se cumplen los augurios nefastos de las encuestas es que no van a tener nada, porque van a perder en Andalucía, España y la Humanidad, que son las municipales de antes de las primarias. Y a todo eso, las dudas de la clase política. Seguimos sin enterarnos si un imputado que es de nuestro partido debe ir en las listas, pero si es del otro no.

Menos mal que ha llegado el juicio de la señora Campanario. Máxima expectación ante las consecuencias para el futuro del país, los brotes verdes y demás. Esto de la Operación Karlos acabará con la Operación Pepe y la Operación Manolo, porque ya la prensa del corazón ha tomado posiciones, ante la magnitud del evento y sus famosos imputados. Dará juego, o ya lo buscarán. Nuestra Andalucía del siglo XXI sigue dando que hablar, con cosas así.

Ya no son tiempos imparables, ideales para la I+D+i, sino años más duros, en los que hemos cambiado la pandereta por los juicios. Lo que queda de Andalucía está en los juzgados.

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