La ciudad y los días

carlos / colón

Que se queden

OIGO estos días las Folk Songs de Britten y las Songs of the British Isles de Kathleen Ferrier -especialmente su Blow the Wind Southerly- preparándome para lo peor si triunfara (que parece que no) el Brexit. Tampoco me tengo que motivar mucho. En mi estudio cuelgan cuatro grandes retratos de Conrad, Conan Doyle, Dickens y Stevenson que compré hace años en la National Portrait Gallery (de los cuatro, Conrad era el más británico: siendo el polaco Józef Teodor Konrad Korzeniowski, eligió ser el británico Joseph Conrad y escribir en una lengua que aprendió de adulto y siempre habló con acento). Los libros de autores ingleses ocupan un lugar aparte, privilegiado, en mis estanterías. Ante ellos tengo unas cerámicas con ilustraciones de Oliver Twist que me regaló mi mujer y ante los viejos tomos Aguilar de Dickens, un busto del escritor que me trajo de Londres el amigo Barberán.

No hay Brexit que valga, en mi caso. Quiero que estén con nosotros. Y no solo por razones culturales. También por mi seguridad. Más que de ningún otro país de Europa me fío de la que, junto a Estados Unidos, es la democracia más antigua e ininterrumpida del mundo desde sus remotos orígenes, con la Magna Cartha Libertarum de 1215 o el establecimiento, en el mismo lugar hoy ocupa el Parlamento, de la Cámara Alta (clero y nobleza) y la Baja (burgueses) -luego Lores y Comunes- en 1341. Cosas sabidas, pero que conviene recordar estos días en los que resucita aquella anglofobia de bigotito imperial de la que Alfredo Relaño cuenta, en su 366 anécdotas del fútbol mundial, a propósito del gol de Zarra a Inglaterra en los mundiales de 1950: "Matías Prats hace que acerquen su micrófono al presidente de la Federación, Muñoz Calero, entusiasmado. '¿Algún recado para el caudillo?', le pregunta al exaltado dirigente. 'Claro que sí: Excelencia, hemos vencido a la pérfida Albión'".

Qué quieren que les diga. Lograron las mismas libertades de Francia sin pasar por el baño de sangre de la Revolución ni la dictadura bonapartista. Encabezaron por dos veces la lucha para que Alemania no se zampara a Europa. Y le plantaron solos cara a Hitler cuando España, Francia e Italia levantaban el brazo mirando hacia Berlín. Una vieja caricatura representaba al león británico con un casco de bobby: Inglaterra policía del mundo. Pues mire usted, si volviera a parecer otro Adolf lo agradecería. Ojalá se queden.

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