la ciudad y los días

Carlos Colón

Te queremos, Concha

UN día de marzo de 1995 sonó el teléfono en casa. "¿Carlos Colón? Soy Concha García Campoy". Lo primero acariciaba. Lo segundo sobraba. ¿Cómo no saber quien era? ¡La voz de Concha García Campoy! Una de esas afortunadas criaturas que son aún más atractivas de como las imaginamos cuando oímos su voz maravillosa a través del micrófono.

Tiene la voz que corresponde a su cara y la cara que corresponde a su voz. Por eso se le han rendido por igual la radio y la televisión.

La voz y la cara son, en principio, un don de la naturaleza. Pero como todos los dones, se atrofian o se deforman si no se ejercitan adecuadamente. Concha García Campoy ha modulado a lo largo de los años su voz, haciéndola cada vez más inteligentemente seductora. Y ha dado aún más plenitud a su belleza, personalizándola por así decir, porque al final todo el mundo acaba teniendo la cara de lo que es.

La anécdota que les contaba al principio demuestra que no escribo estas cosas porque Concha esté empezando a luchar con una enfermedad a la que se ha enfrentado con un arrojo que forma parte de su curación.

La admiraba tanto y -por qué no decirlo- me seducía tanto desde los años de su Telediario y del A vivir que son dos días que dije que sí, sin dudarlo, a lo que me proponía. Y eso que era duro: participar en la retransmisión de la boda sevillana de la infanta Elena con Marichalar.

Y allí que me vi, tan encantado (no diré que engañado, pero casi) por la voz de Concha García Campoy como el rey Shahriar por la de Scherezade, encaramado en lo alto de la azotea del Ayuntamiento, bajo un sol de justicia, parte de una troupe pintoresca comandada por la Campoy en la que un diplomático comentaba el protocolo, un experto en las cosas del corazón y de lo que una señora que conozco llama los países bajos se ocupaba de los cotilleos y los modelitos, mientras un servidor -como si fuera el erudito provinciano de Amarcord- hacía de guía hispalense. Tanto poder tiene la voz de Concha García Campoy.

La palabra. La voz humana. ¿Hay algo más hermoso? Jean Cocteau le dedicó una obra teatral, La voix humaine, un monólogo que han interpretado todas las grandes, desde la Berthe Bovy que la estrenó en 1930 a la Ana Magnani que la interpretó en el cine o a nuestras Amparo Ribelles y Gutiérrez Caba. Al contrario de lo que le sucedía a la protagonista de la obra de Jean Cocteau, Concha García Campoy no se ha quedado sin quien le responda al teléfono… Y al Twitter, los periódicos, las emisoras de radio o las cadenas de televisión a través de los que sus colegas, sus amigos y sus admiradores le han dicho, le decimos, que la queremos.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios