Por montera

Mariló Montero

Mi querida Alba

ESTA semana ha comenzado tu juicio. Durante estos días, unos señores empeñados en buscar siempre la verdad preguntan a tu madre y al hombre que vivía en vuestra casa por qué tienes roto el cráneo y no puedes caminar ni hablar. Todos queremos pensar que, a pesar de las cosas que dicen Francisco Javier y Ana María a los jueces, son mentira, ya que sostienen que quedaste en coma por haberte caído de la cama. Pero se sabrá la verdad. De eso trata la Justicia. Yo tuve una muñeca que se llamaba Clara. Como de costumbre, la dejé durmiendo sobre mi almohada al irme a la escuela. Un día, al regresar del colegio, me la encontré con la cabeza hundida, el ojo derecho en blanco, calvas por su cuero cabelludo, sin la pierna derecha y su ropa rasgada. Lloré sin consuelo mientras, embargada por la ansiedad, trataba de averiguar qué le había ocurrido a Clara durante mi ausencia. Mi perro lobo, Tony, el guardián de mi casa, la confundiría con un hueso que roer y la devoró. O simplemente tuvo celos y quiso matarla.

Clara sigue conmigo y, aun con la cabeza hundida, protegida por un gorro de lana, el ojo cubierto con una pequeña tela y sin pierna, sigue durmiendo en mi cama. Y a veces creo verla sonreír. Ahora te veo en ella. Es imposible que haya una muñeca más hermosa en el mundo que la sustituya. Las empresas que fabrican juguetes no representan a los niños con minusvalías. Ni la Barbie tiene el nivel para ponerse a tu altura en la silla de ruedas. Y eso que las personas como tú sois quienes nos dan las grandes lecciones de la vida.

Me dicen que tú también tienes un agujero en la cabeza que trataron de arreglarte en verano, pero que tu cuerpo rechazó la prótesis. Tengo informaciones contradictorias sobre tu estado: unos dicen que nunca podrás volver a andar, tampoco hablar, que necesitas respiración asistida y que tu nivel de consciencia es oscilante, además de padecer, aún, diversas infecciones. En cambio, tu papá, quien te visita con frecuencia, nos dice que ya hablas un poco, ríes mucho, además de ser la más simpática de todos tus amigos, y que caminas con muletas hasta 20 metros. En fin, no sé qué creer. Lo que quiero es imaginar que seas feliz.

Mi querida Alba: seguiré atenta a todo lo que suceda. Todos vigilaremos para que se haga justicia, no te preocupes. Por el momento has logrado poner algo de orden entre las distintas administraciones que intervienen en la protección y atención de la infancia. Gracias a ti, también han aumentado los avisos por sospechas de maltrato infantil y han descendido la gravedad de los casos. De nosotros depende ahora sonsacar la verdad de lo que te hicieron y que la condena no te obligue a encontrártelos por la calle nunca. Eres nuestra muñeca rota, por lo que te seguiremos, al ser necesaria en nuestras vidas.

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