Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Más sobre una rara suplencia

Decir que sorprendió que el máximo goleador y aspirante a Pichichi no jugase no es desestabilizar al Sevilla

DESOCUPADOS y aburridos hay que desde el anonimato del correo electrónico toman con asiduidad rayana en la obcecación el rábano por las hojas, como si el rábano sólo tuviese hojas y no crucífera, o sea... Viene a cuento porque algunos corresponsales anónimos han querido ver un afán desestabilizador cuando nos preguntábamos ayer que cómo un goleador que está a punto de lograr el entorchado de máximo realizador se queda fuera del equipo. Luego pasó que el hombre fue adelantado por su más inmediato perseguidor, el jerezano Güiza, con lo que la maniobra acarrea incluso daños colaterales.

Expresen lo que tengan a bien expresar dichos comunicantes emboscados, sigo sin entender cómo Luis Fabiano pudo quedarse en la suplencia la tarde última con el Valladolid. Por mucho que el que lo supliese lograse los goles del triunfo para bien de la comunidad, tampoco es garantía de nada el que con Luis Fabiano se hubiese perdido el encuentro, tampoco. Y dicen esos pertinaces comunicantes que es que hay intereses espurios por parte del arribafirmante, interés en sembrar la cizaña en un club que vive en una especie de nirvana donde no existe problema alguno, donde todo va sobre ruedas y donde únicamente un malvado podría atisbar alguna sombra maligna.

Y qué se le va a hacer, si la gente es como es, madre no hay más que una y a ti, mi estimado comunicante, ni te conozco ni me alumbra el menor interés en conocerte. Me pareció sorprendente que Luis Fabiano se quedase en el banquillo, pero sepan mis comunicantes queridos que no soy el único que se sorprendió de la suplencia del hombre que más ha influido en que el Sevilla tenga todavía opción a lograr su objetivo de repetir presencia en Champions. Partido vital el de esta noche junto al Cantábrico, uno de esos partidos en que los puntos valen doble por la vieja conseja de que el objetivo se circunscribe a un quítate de ahí que me voy a poner yo; ni más ni menos.

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