Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

A rastras

LA última encuesta del CIS conocida ayer ha recortado el halo de victoria al PP. He escrito halo porque lo que va dejando tras de sí el partido de Rajoy en su caída a plomo hacia el éxito electoral en estos días de oscuridad y tenebrismo bursátil es una mezcla de ceniza de volcán islandés y de aureola de santo. Los socialistas han recortado en 2,3 puntos la ventaja al partido de Rajoy desde el mes de enero. ¡Y eso que el trimestre ha sido endiablado para los intereses de Zapatero! Según la encuesta, realizada entre el 6 y el 14 de abril, unos días después de desvelarse parte del sumario Gürtel, el PSOE ha subido del 36% al 38% en intención de voto, mientras que el PP ha bajado del 40% al 39,5%. Lo raro, en primer lugar, es que todavía exista la intención de voto y que no se haya suicidado de una inyección letal de hastío. Pero una vez verificado que aún existe entre la población española el suficiente ánimo democrático como para votar por una facción, lo inexplicable es que el PP no haya sacado partido el clima apocalíptico que ha propiciado y todavía se debata con su propia torpeza (y su propio extremismo) en las encuestas.

No creo que el PSOE haya sufrido tanto descrédito y de forma tan brutal por, uno, la realidad económica y, dos, por el aparato mediático de la derecha. Cada día decenas de comentaristas compiten entre sí en empeorar el diagnóstico del país. El diario La Razón ha llegado a sugerir la intervención del Rey, como si fuera la reencarnación del Elefante Blanco, aunque el Monarca, por toda contestación, se ha limitado a dejarse extirpar un nódulo. Un famoso ex ciego nacional ha escrito en La Gaceta: "La patria se desangra en paro, deuda pública, fracaso escolar, crisis institucional, corrupción, sequía de créditos, subvenciones a amiguetes de todo pelaje izquierdoso, etc. Pero él, erre que erre". Y otro: "ZP vendió en 2007 reservas de oro que hoy valen el doble". Y así por estilo, a diario, varias decenas de diagnósticos a cual más diabólico y energúmeno compitiendo por agravar la ya de por sí tremenda enfermedad.

¿Se puede sobrevivir en una situación tan delirante? No sólo se puede sino que incluso hay quien ha logrado arañar unos puntos porcentuales al beneficiario natural de la tragedia. Bien es verdad que al PSOE aún le queda bailar con la más fea: la aplicación de las famosas medidas impopulares para reducir la deuda. Y lo hará trompicones y a solas, pues Rajoy no quiere mancharse las manos con el recorte (aunque el suyo dejaría muchos más damnificados), sino recoger en unas espuerta los cadáveres que vaya dejando Zapatero y echarlos al rico montón de los abstencionistas. Y aun así, ¿será capaz de tomar ventaja en el CIS cojeando con las pedradas de los Gürtel, los Camps, etcétera? Yo no lo tengo nada claro.

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