La ventana

Luis Carlos Peris

Qué recuerdos con el capote de Morante…

CUANDO los seis toros de Urquijo en aquel bendito día de la Ascensión del 66, Curro dio la vuelta al ruedo tras un quite al sexto. Años antes había abierto por vez primera la Puerta del Príncipe por la forma de torear a la verónica a un sobrero de Tassara a la espera de que volviesen los picadores, que habían abandonado ya la plaza. Bueno, pues antier se repitió algo parecido en Las Ventas y fue por obra del heredero de Curro en el trono de Sevilla. Cómo volaba el capote de Morante, cómo le daba el pecho al toro de Juan Pedro, con qué temple paraba y vaciaba la embestida y cómo bramaba el público de Madrid, ese público intransigente, pero que se entrega de pleno cuando las cosas se hacen con la autenticidad y el arte con que fluye el toreo por las muñecas de Morante. Fluye por las muñecas directamente desde el corazón, se paran los relojes y cada lance parece eterno. Cuánta semejanza con su antecesor...

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