Tribuna económica

Joaquín / Aurioles

La reforma laboral

EN poco más de año y medio hemos dejado de ser un ejemplo de creación de empleo para convertirnos en el que más intensamente lo destruye. Además, una cuarta parte de los 3,3 millones de parados que ya hay en España vive en Andalucía y, si se mantiene la proporción, un millón de los cuatro que se esperan para final de año serán andaluces. A pesar de ello, todavía queda desparpajo entre los más implicados en el asunto como para mirar hacia otro lado a la hora de hacer autocrítica. Para los empresarios el problema se resuelve con más flexibilidad en la contratación y facilidad para el despido. Para los sindicatos la culpa la tienen los bancos y sus soluciones pasan por la concertación social y la protección al trabajador, pero sin necesidad de llegar a la movilización, dado que el Gobierno sigue dispuesto a mantener el diálogo social y a financiarlo. Por cierto, que tras tirar la casa por la ventana y también el superávit con las intervenciones de apoyo a los bancos del pasado otoño, el Gobierno ha bajado ha bajado sensiblemente el tono de sus intervenciones y se concentra en buscar acuerdos que le permitan sobrevivir a la crisis evitando las decisiones impopulares, que no es precisamente lo que suele entenderse por gobernar.

La cuestión es que cuando nos comparamos con el resto de Europa en lo único en que, junto con el paro, somos campeones continentales es en la precariedad del empleo. En esto somos líderes indiscutibles y además duplicamos la tasa de temporalidad de la Europa de los 15, de los 25 y de los 27, por lo que si el objetivo de la reforma laboral de 2006 era "reducir la temporalidad y promover el empleo estable y de calidad", habrá que reconocer que hemos fracasado estrepitosamente. Es más, lo que sugiere la tremenda volatilidad de nuestro mercado de trabajo es que sus estructuras no están bien asentadas y que si el último episodio de la reforma ha sido un fiasco, los anteriores no le han ido a la zaga. A mediados de 2006 se denunciaba desde el Banco de España que los reformadores se habían olvidado de uno de los pilares del marco de relaciones laborales, el de la negociación colectiva, y que urgía tomarlo en consideración. Se argumentaba que la paz social está muy bien en épocas de bonanza, pero que cuando lleguen las turbulencias, la flexibilización en las formas de contratación, otro de los pilares del marco, hará que los más perjudicados sean los trabajadores con contratos temporales. Educación y formación continua, es decir, la inversión en capital humano, es la mejor forma de afianzar el vínculo entre empresas y trabajadores, siempre que se traduzca en mejoras de productividad, que tampoco parece que haya sido el caso en Andalucía. La caída de la productividad sugiere que el tercero de los pilares, el de los mecanismos de reinserción, con las políticas activas de empleo y la intermediación en el mercado de trabajo como piezas básicas, tampoco ha funcionado en Andalucía. El cuarto de los pilares es el del subsidio al desempleado, donde sí cabe esperar que las exhaustas arcas públicas estén dispuestas a un esfuerzo comparable, al menos, al realizado para acudir en ayuda de la banca.

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