Editorial

Una regulación tardía pero necesaria

EL Ayuntamiento de Sevilla, por boca del primer teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos, ha anunciado su intención de señalizar en las zonas más céntricas de la ciudad el itinerario de paso que deberán seguir los ciclistas. La medida, cuya fecha de implantación no ha sido desvelada por el portavoz de IU, permitirá poner algo de orden al caos viario que se sucede en muchas calles de la capital de Andalucía, donde los usuarios de la bicicleta, los peatones, los veladores y transportes públicos como el tranvía comparten un mismo espacio, no siempre sin problemas. Dicho esto, conviene recordar que la confusión y la sensación de peligro que muchos peatones sufren debido a la indefinición en esta materia ha sido provocada, justamente, por el Consistorio. En su día el gobierno local aprobó una ordenanza para los ciclistas (donde, paradójicamente, también reguló el cierre del centro al tráfico; un proyecto retrasado desde entonces) en la que dejaba abierta la posibilidad de que ciclistas y peatones compartieran las calles. El argumento oficial era que ambos colectivos sabrían disfrutar de la ciudad en armonía. La experiencia demuestra que no es así, lo que ilustra sobre la candidez municipal. La decisión de señalizar el carril bici en las zonas peatonales es, por omisión, una forma de reconocer el error. Tras la ordenanza, el gobierno local decidió poner limitaciones (en horario comercial) al paso de la bicicleta por determinadas calles. Y, en paralelo, reguló (de forma ajena a la bicicleta) la instalación de veladores en enclaves como la Avenida de la Constitución. Se echa de menos cierta visión global en esta regulación sobre el uso de los espacios públicos. La paradoja es que este Ayuntamiento es el que más plazas ha liberado del tráfico privado. Habiendo tenido éxito en lo más difícil (la peatonalización) falla en lo más fácil: culminar la tarea. Por otro lado, ninguna ordenanza, señalización ni norma servirá de nada si la Policía Local no tiene como prioridad velar por su cumplimiento. Los veladores, que siguen proliferando e incumpliendo en muchos casos las licencias, son un buen ejemplo. Un gobierno serio debe no sólo solventar los problemas, sino anticiparse a ellos. Pero, sobre todo, debe poner los medios para hacer cumplir lo que dice.

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