La ventana

Luis Carlos Peris

En el reino de la caspa ganó el casposo oficial

GANÓ Santiago Segura, y por varias cabezas, en esa carrera tan llena de caspa como es la de los Premios Goya. Ganó el heterodoxo cineasta porque supo salir de la atmósfera sectaria que preside la gala y porque hizo un retrato fantástico de cómo se cuecen las papas en ella. Largó fiesta por esa boquita, pero sin que ningún aludido pudiese mostrar públicamente su enfado. Ni siquiera un personaje tan susceptible como Pedro Almodóvar fue más allá de removerse en su butaca para derivar a impertérrito jugador de póquer. En acto tan casposo y tan secuestrado por una de las dos Españas me quedo, sobre todo, con la breve actuación de Segura, uno de los pocos cineastas españoles que no necesitan subvenciones para salir adelante. En medio de tanta mediocridad y de tanta caspa, fue el casposo oficial de nuestra subvencionada industria el que con su ingenio más hizo por salvar una noche para el olvido.

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