La ventana

Luis Carlos Peris

Un relevo que no debe pasar de puntillas

PRIMER sábado del verano y en él va a celebrarse uno de esos actos íntimos que contribuyen de forma especial a la singularidad de esta incomparable ciudad. Hoy deja el cargo de delegado del Rey en la Maestranza de Caballería Alfonso Guajardo-Fajardo después de seis años de aciertos. Se trata de un puesto desconocido para el gran público, pero de considerable incidencia en el día a día de la Sevilla que desde fuera se ve como de las ciudades más sugestivas del orbe. Si en algo se ha distinguido el tiempo de Alfonso en el segundo sillón maestrante ha sido por su frenética actividad en el apartado social, por su celo en el mantenimiento de ese cofre que es la plaza de toros y por su inquietud artística. Hoy, días después de la onomástica del hermano mayor, su teniente le da el relevo a Javier Benjumea y a fe que el listón se lo ha dejado bien alto para bien de la Maestranza y, muy especialmente, de Sevilla.

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