La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

O es religiosa o no es

Sabían lo que se hacían porque sabían a Quién servían y Quién era el centro de sus vidas y de la Semana Santa

La Semana Santa es religiosa o no es. Si Jesús Nazareno no es su único centro, camino, verdad y vida solo se trata de una manifestación antropológico-cultural que al perder este centro único se degrada en sus formas; al perder este camino único se extravía por las sendas de la vulgaridad o la impostura farisea; al perder esta verdad única es una mentira en la que el sentimiento se reduce a sentimentalismo y la devoción a idolatría; al perder esta vida única es una cáscara hueca. A la Semana Santa, como fiesta cívico-religiosa, se le puede aplicar el conocido párrafo de la carta a los corintios: aunque pregonara con las lenguas de los ángeles, si no tengo amor, soy como metal que resuena; aunque conociera todos los detalles eruditos y habilidades de priostía, si no tengo amor, nada soy. Aunque dedicara cuantiosas sumas a la acción social, si no tengo amor, de nada me sirve.

Y esto lo afirmo no sólo de mi Semana Santa, sino de la de todos. Da igual que se trate de la recia, realista y probada devoción popular sin beatería, sin mojigatería, sin rancio clericalismo, que ha hecho su más rotunda verdad desde su restauración decimonónica y regionalista; o de la piedad burguesa que definió a las hermandades severas del centro. La Macarena y el Cachorro serían los símbolos históricos máximos de esa sincera y honda Semana Santa popular. Las severas cofradías del centro representarían la piedad burguesa. Y las dos corrientes se unen en el Gran Poder, única cofradía del centro que es también de todos los barrios de Sevilla y única de ruán que tiene la fuerza arrolladora de la devoción popular.

Así me lo enseñaron. Así lo he sentido y vivido siempre. Así lo he escrito, filmado y pregonado. No se trata de hurgar en las conciencias como hacían los antiguos fariseos o los modernos beatos. Nadie sabe lo que pasa bajo un antifaz, decían los antiguos para expresar el respeto a las conciencias. Se trata de recordar de qué va esto de la Semana Santa y a Quién se debe ordenar todo. Las cofradías más rotundamente hermosas son las que se han ordenado a lo que sus imágenes representan con una sabiduría que solo puede nacer de la devota y amorosa observación. Así al poderoso Amor le dieron paso de oro y el fuego de sus seis candelabros y al místico Calvario, caoba y hachones. Sabían lo que se hacían. Porque sabían a Quién servían y Quién era el centro de sus vidas y de la Semana Santa.

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