PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El reverso del oro

EL negocio del oro vive un auge notable. Acrecienta su valor estratégico como garante de las reservas monetarias, con decisiones que se toman en Fráncfort, Londres o Nueva York, y en las calles de Sevilla proliferan los carteles que ofrecen a las familias comprarle el oro de sus joyas. Los bancos centrales europeos han pactado reducir un 20% la venta de oro durante cinco años. La cotización ha llegado a superar los 1.000 dólares por onza y en los últimos ocho años el aumento global es del 235%. Si los contables del Ayuntamiento de Sevilla pudieran, fundían el Tesoro del Carambolo para acabar con las deudas de Tussam. Y Camas pediría su parte...

Cada vez resulta más difícil y caro encontrar, extraer y purificar oro en un planeta en el que llevamos miles de años removiendo cielo y tierra para convertirlo en objeto de adoración. Paisajes de todos los continentes están siendo devastados en los afanes legales o ilegales de encontrar pepitas de oro. Pocas parejas con fecha para casarse en otoño en la Macarena, la Caridad, la Anunciación o San Lorenzo, cuando han reservado la alianza de su compromiso tienen la información de que en las minas más activas, como la de Batu Hijau (Indonesia), para extraer una onza de oro (cantidad presente en un anillo nupcial), hay que remover más de 250 toneladas de roca y mineral. Y tampoco están al tanto de que, por su cuenta y riesgo, son 15 millones de personas las que a lo largo y ancho del planeta se buscan la vida jugándose la salud y el tipo. El 30 % son niños, que también se contaminan de mercurio.

Uno de los pueblos a mayor altitud del mundo es La Rinconada (Perú). De 200 empresas dedicadas a la búsqueda de oro sólo cinco exigen un equipo de seguridad. La esperanza de vida es de 50 años, 21 menos que el promedio peruano y 30 menos que en La Rinconada sevillana. Es el reverso de la alianza de civilizaciones que no comparten un comercio justo del escaso oro que falta por atrapar.

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