fede Durán

Los riesgos de fiarlo todo a la mala baba

Corrupción. Zoido da lo mejor y lo peor con el misil de los ERE: a ratos acorrala a Griñán, a ratos comete errores de bulto que soliviantan a la Junta

JUAN Ignacio Zoido ha encontrado una grieta en la armadura de José Antonio Griñán. Se llama ERE y le permite moverse en piso sólido, arropado por sus conocimientos jurídicos, reforzado por el habitualmente débil argumentario de la Junta. Es una grieta efectiva porque se basa en un escándalo real y colosal, pero a la vez es una grieta sórdida, purulenta, que vomita sobre la política los tropezones que la alejan del ciudadano y crispa los ánimos de los aludidos. Zoido y Griñán han endurecido su discurso, se han mentado metafóricamente a la madre, se han insultado con adjetivos ásperos y han silenciado al Parlamento con el veneno de sus jabalinas.

Lo malo es que quien maneja armamento pesado se expone al efecto Kim Jong-un: la posibilidad de pulsar el botón equivocado. Y Zoido cometió un error aparatoso al afirmar que Primayor, la que fuese primera empresa cárnica andaluza, obtuvo ayudas "con intrusos y Lanzas como mediador". La tormenta que desató en el pospartido fue colosal.

El propio Griñán asumió el riesgo de la primera línea de fuego al anunciar una comparecencia extraordinaria donde podría haber dicho mucho pero dijo más bien poco. Nada nuevo lució bajo el sol del miércoles. Nada nuevo salvo la jerga salvaje. Y ahí el jefe del Ejecutivo andaluz es menos hombre de Estado, porque los hombres de Estado nunca se enfangan en público, nunca crispan el rostro, nunca descienden al peldaño último de la descalificación. Salvo cuando alguien pulsa el botón equivocado. "Está empezando a ser un lastre para su propio partido por su incapacidad para hacer propuestas. Sin hablar de los ERE, usted no es nadie", le espetó, cabreado, al líder del PP.

Quizás esa frase resalte efectivamente el dilema de Zoido, que debe ser cuidadoso al distribuir el equilibrio entre la acusación (a poder ser fundada) y el ladrillo. Una estrategia basada sólo en la destrucción no es efectiva. Sin cimientos, sin yeso y cristal, el elector sólo detecta ruido. Se demostró en las últimas elecciones autonómicas: ni con toda la artillería apuntando a la trinchera de los ERE fue Arenas capaz de lograr la mayoría absoluta.

Aunque lo sabe, Zoido viste mal a su guerrero en lo accesorio. Asumiendo que el core capital son los ERE, lo anejo a sus ojos son dos asuntos directa o indirectamente vitales para la gente: la flexibilización de los objetivos del déficit y los desahucios. En el primer caso, porque Andalucía exige una voz única en la negociación de un listón asequible con Madrid y Montoro, igual que ocurre (con matices) en Cataluña. Cuanto menos margen de maniobra tenga, más se resentirán sus servicios públicos. En el segundo, porque el PP parece desentenderse de un problema que demuele el porvenir de cientos de miles de personas, alineándose con la banda mala de la película, los forajidos a lo Peckinpah de la banca, refinanciada con lo público pero implacable en sus negocios privados.

Proyectó la película el portavoz de IU, José Antonio Castro, trufándola de cifras y llamadas a la acción: 440.000 desahucios en España desde 1994 hasta hoy y 86.000 en Andalucía en el mismo lapso. Una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que cuestiona la ley hipotecaria española. Una iniciativa legislativa popular promovida por la PAH y cuidadosamente empobrecida por el PP en el Congreso, donde le espera una probable pena capital. Y un problema a la vez social, político y tal vez judicial, el fenómeno de los escraches, que IU considera "acciones pacíficas contra un sistema hipotecario criminal" mientras Zoido y Griñán lo desaprueban al unísono.

Esta exótica coincidencia entre opuestos no impide a las dos almas del Ejecutivo regional mantener la unidad, ya que tanto unos como otros defienden que la iniciativa de la PAH se apruebe "íntegramente", lo que supondría institucionalizar la dación en pago con carácter retroactivo, detener de inmediato todos los desahucios y promover el alquiler social. Son los silencios asociados al drama los que debilitan la posición de Zoido en una CCAA cuyo subconsciente colectivo no se despega del poso humilde, de su origen proletario y campesino, de la sanguínea sospecha hacia la derecha y el señorito.

Así queda pues el primer daguerrotipo de la primavera parlamentaria. Un presidente menos cómodo, más cabreado que a comienzos de año, sometido al contraste de su blanca figura con el fondo negro de las tres siglas laborales; un jefe de la oposición irregular que procura suavizar su natural tendencia a la dispersión con la monografía que de lejos mejor domina; y un socio de Gobierno fiel y granítico que se susurra por las noches las razones por las que nunca romperá un pacto que su corazón le dice noble y a la par peligroso por las pegatinas que colateralmente conlleva.

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