La ventana

Luis Carlos Peris

Por los rincones y los vericuetos de San Eloy

BENDITAS las ramas que al tronco salen, la otra noche en ese templo de tradición y cultura en que se ha convertido Cruzcampo de la mano de Julio Cuesta, se celebraba un acto lleno de contenido, de emotividad y de reconocimiento a una de esas figuras que sacaron al comercio sevillano de un marasmo en el que puede volver a caer. Se conmemoraba las bodas de plata del Patio de San Eloy, mascarón de proa de la formidable armada hostelera que en esa arteria sevillana creó un jándalo tan recordado como Julián Gómez Pando y que hoy han multiplicado sus descendientes. Descendientes que no son sólo sus hijos Julián e Ignacio, sino que contaron con el acompañamiento de auténticos self made man como Manolo López Gavira o Pepe Gutiérrez. Y es que con más personas como éstas no cabe la menor duda de que el comercio sevillano recobraría el pulso y alcanzaría el nivel que Sevilla debe ostentar.

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