Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Los rodeos

HACE más de 20 años, también protestábamos ante las puertas del Parlamento andaluz: entonces se reunía en San Hermenegildo, y a cada parlamentario que salía, se le regalaba un plantón de alcornoque. Un brote verde. Albergábamos preguntas, pero también teníamos algunas respuestas. Andalucía debía decidir entre secarse como un erial en agosto o dotarse de un plan forestal para evitar recuperar las manchas verdes de antaño. Y se consiguió. También se votaba cada cuatro años, pero a nadie se le ocurría rodear, tomar o ocupar este Parlamento ni ninguno otro. Bueno, a algunos sí, pero iban mejor pertrechados. El martes pasado, caímos encerrados en la sede de la Cámara andaluza. El presidente de la Junta y su antecesor habían declarado ante una comisión de investigación; rendían cuentas ante un tribunal político, pero en la calle más de medio millar de personas habían rodeado el Hospital de las Cinco Llagas para clamar por otra democracia real. En Madrid, como ocurrió ayer, algunos miles de personas cercaban la sede de la soberanía popular porque estaban indignados por los recortes que están llevando a la clase media española a un proletariado sin trabajo ni esperanza. Es posible que, como mantenía Jefferson, cada generación necesita su propia Constitución, ¿pero cuál? De momento, la respuesta es quémenla, y ya veremos. No.

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