Doble fondo

Roberto Pareja

El ruedo ibérico

LA corrupción se está convirtiendo, con todas las de la ley, en una fiesta nacional, con políticos destripados desangrados de honor como los caballos que agonizaban en las plazas de toros hasta que a alguien se le ocurrió ponerle un peto a los animalitos que iban ciegos a la muerte en la suerte de varas.

Como un toro, o más bien como un elefante en una cacharrería, ha entrado al trapo electoral el hiperactivo y por momentos, como ayer en Bruselas, lacónico líder del PSOE en la sede del PSM, dinamitando a la cúpula y hasta las cerraduras, para estupefacción de la parroquia socialista a tres meses de la suerte suprema de las urnas, eso que pone a cada uno en su sitio, según se proclamaba con generalizado entusiasmo pueril desde todos los ángulos del ruedo ibérico hasta que empezaron a asomar ciertos cuernos en las encuestas. La estocada de Pedro Sánchez ha sembrado definitivamente el desconcierto en la capital, huérfana de candidatos autonómicos de las grandes fuerzas políticas a poco más de tres meses de la lidia con las urnas: el del PSOE ha sido laminado, el del PP sigue germinando en las yemas del dedo de Rajoy, la de IU ha puesto pies en polvorosa y Podemos espera el golpe de click.

En 1963, durante un concierto benéfico de The Beatles en Londres, John Lennon instó al respetable a aplaudir y a los de los palcos les dijo que bastaba con mover sus joyas. Aquí, en 2015, el espectáculo que nos brindan nuestros políticos es cada vez menos benéfico y dan ganas, entre otras cosas, de dar palmas con las orejas. Muchos se han convencido de que la única manera de impedir que sigan torturando nuestras esperanzas de un futuro justo y mejor pasa por ponerse a porta gayola ante el toro de la crisis del brazo de ese diestro que no piensa cortarse la coleta. Pero el aura de gente intachable se les está viniendo abajo antes de ponerse el traje de luces del poder que presumen.

Este pueblo es sabio y seguirá poniendo a cada uno en su sitio en las urnas. Como siempre. Se ruega un poco de respeto, profetas del apocalipsis, que la inmensa mayoría de la gente no es insensata o aventurera. Ni tonta ni ciega. Lo que va también por otro torito bravo. Un tal Monedero.

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