La ventana

Luis Carlos Peris

El sabihondo, arquetipo de aficionado a los toros

RARA es la tarde que no ocurre cuando, arrastrado el sexto toro, se hace tertulia en la Puerta del Príncipe. Es una tertulia cambiante, pero es difícil que no haya uno que quiera demostrar su conocimiento llevándole la contraria al resto. Ejemplo al canto cuando a alguien se le ocurre decir qué mala ha salido la corrida de toros; ya está el lío montado, pues el sabihondo salta como un rayo para decirte que qué está usted diciendo, que se han ido para dentro tres o cuatro toros con las orejas puestas de forma incomprensible. Ver un toro inexistente es algo que imprime carácter y que sirve al sabihondo para decirle al mundo que el que sabe es él. O cuando uno sale elogiando una faena de dos orejas y el tipo intenta echarte un jarro de agua refutando la concesión no de la segunda oreja, sino de la primera. Tengo a muchos sabihondos calados y trato de eludirles a la salida. Lo malo es que quedan muchos por descubrir.

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