editorial

El sacrificio de los funcionarios

EL Ayuntamiento de Sevilla ha puesto esta semana en situación de alerta a los sindicatos que representan a los 3.200 empleados municipales que trabajan directamente para la administración local. El motivo es una propuesta para ampliar hasta 37 horas y media su actual jornada laboral, una medida que el Gobierno central ya adoptó, con carácter general, el pasado 31 de diciembre en Consejo de Ministros. La ampliación de la jornada de los funcionarios municipales, mucho más en tiempos de crisis como los actuales, resulta una medida no sólo inevitable, sino absolutamente necesaria. La sociedad en su conjunto está siendo objeto de un importante proceso de ajuste económico cuyas principales consecuencias son el paro y los recortes presupuestarios, y no tiene lógica que el colectivo de funcionarios -cuyos puestos de trabajo son vitalicios- queden fuera de los sacrificios generales. La función pública está concebida para servir a la sociedad, y lo que la sociedad española necesita ahora es un esfuerzo de estos trabajadores. Los sindicatos municipales, sin embargo, anuncian que presentarán un recurso si el Consistorio continúa adelante con la medida. Su postura pudiera ser lógica desde el punto de vista corporativo, pero no es razonable desde la perspectiva ciudadana, que no aceptaría asumir los sacrificios que se le reclaman si los servidores públicos se niegan a hacerlo. El gobierno de Juan Ignacio Zoido debe aplicarla mediante el diálogo, pero sin incurrir en el error de hacer excepciones a la norma. No se entiende muy bien pues que el ejecutivo local proponga esta medida, e incluso la FEMP, entidad presidida por el alcalde, la defienda y un día después la edil de Hacienda trate de esconderla por miedo a sus hipotéticas consecuencias electorales. Gobernar implica asumir decisiones impopulares. La situación económica precisa que los funcionarios trabajen 158 horas más al año. Por su bien y por el de todos. Con más de cinco millones de parados, que trabaje más quien todavía tiene la suerte de hacerlo es el mínimo sacrificio exigible.

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