La ciudad y los días

Carlos Colón

La salvación viene de los judíos

RECEMOS por los judíos. Que Dios Nuestro Señor ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Dios, omnipotente y eterno, tú que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede, propicio, que, entrando la plenitud de los pueblos en tu Iglesia, todo Israel sea salvado". No secundaré esta petición, incluida sin carácter obligatorio en el Triduo Pascual tras la restauración de la antigua liturgia, en sustitución de la condena a "los pérfidos judíos" que eliminaron Juan XXIII y el Vaticano II. Como tampoco pido jamás por la conversión de los judíos. Yo creo que Jesús Nazareno es el Mesías y ellos no. Al final de los tiempos sabremos quién tenía razón. Mientras tanto, son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Y con mayor fuerza a nosotros -judíos nuevos del Israel Universal ofrendado por Cristo a los gentiles- con ellos que a ellos con nosotros. Los judíos pueden ignorarnos, no desde un punto de vista cultural, pero sí religioso. Nosotros, en cambio, no podemos ignorarlos a ellos ni dejar de considerarlos el pueblo elegido por Dios del que nació Jesús Nazareno, hijo de María de Nazaret casada con José, descendiente del Rey David, y cumplimiento de las profecías hechas a Israel.

"Gloria de tu pueblo Israel" llamó Simeón a Jesús cuando María lo llevó al Templo; en la Transfiguración eran Moisés (máximo profeta y legislador de Israel) y Elías (cuyo nombre quiere decir "Mi Dios es Yahvé") quienes flanqueaban a Jesús; "la salvación viene de los judíos", dijo el Señor a la samaritana; en la última cena que esta tarde se conmemora era la Pascua judía lo que Jesús celebraba; "¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no de los filósofos y los sabios!", exclamó Pascal cuando vio a Dios cara a cara.

Desgraciadamente sobre el cristianismo ha pesado más el rechazo de los judíos al Nazareno que el hecho, infinitamente más importante, de que era judío. La muerte del Nazareno es un drama intrajudío del que nace la secesión cristiana. Por eso no seguiré la invocación vaticana y hoy, y esta Madrugada, miraré más hacia Jerusalén que hacia Roma cuando vea al cordero pascual del sacrificio judío al que en Sevilla llamamos Pasión, a la hermosa judía en llanto inconsolable a la que llamamos Valle, al hijo de David llevado en triunfo por la ciudad abrazado al símbolo triunfal de su resurrección al que llamamos Jesús Nazareno, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob al que llamamos Gran Poder y a la deslumbrante hija de Sión revestida de gloria resucitada a la que llamamos Macarena.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios