HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Un santo sepulcro

FETICHISTAS y buscadores de reliquias insisten en remover el enterramiento de García Lorca para participar en otro cortejo necrófilo de España, una afición antigua. La corte de los milagros lorquiana es un trasunto de la valleinclanesca: políticos mediocres y analfabetos funcionales, cuadros flamencos, pandereteros, improvisadores teatrales, canales de la televisión basura, prensa superficial, investigadores politizados, buitres, en fin, de diferentes especies y pelajes sobrevolando los restos de un poeta brillante de destino trágico y convertido en mártir laico. Las personas de bien confían en que no toquen sus huesos y los dejen descansar para siempre en paz donde está, porque a los muertos no les gusta que turben su descanso eterno. Sus devotos peregrinarán al santo sepulcro de la poesía española un poco nostálgicos de vida sobrenatural: no esperan milagros, no pueden construirle una basílica, ni habrá una aparición del poeta a unos pastorcitos y ni siquiera leerán las obras del santo de su devoción.

La familia de García Lorca prefiere que no se desentierren sus restos para evitar el circo que se montaría, pero las de los otros fusilados con él que no tienen su gloria no quieren perderse el cuarto de hora de fama que le toca a todo mortal. Van de tribunal en tribunal porque como son muertos de izquierda, o así se supone, no pueden hacer sagrada la tierra benévola e inocente que los acoge sin traicionar su presunta ideología. Han hecho muy difícil leer a Lorca sin que se nos aparezcan los esqueletos del martirio, sin que nos enturbie la lectura la fea cara del irlandés que ha hecho una fortuna de su grafomanía sobre el poeta granadino, y, lo peor de todo, sin que nos hagan olvidar al escritor para suplantarlo por una víctima de la guerra que canta flamenco y baila sobre los escenarios en una fiesta macabra que parece no tener fin.

No hay otro escritor español cuya popularidad se deba tanto a razones extraliterarias. Lo que importa en una obra literaria es el resultado, que en Lorca es excelente, no si murió trágicamente, fusilado por los malos de guerra del 36 (los buenos de la guerra fusilaron a otros escritores, pero fue para darle su merecido por ponerse del lado de los malos), o si era homosexual y amigo de los gitanos pobres, inclinación étnica y económica no aclarada del todo. Falta todavía tiempo para que podamos volver a leer a García Lorca sin ver su fantasma acompañado de sus fantasmones, sin oír el rasgueo de una guitarra, un quejío y un zapateado bajo el dobladillo de la bata de cola y el frufrú de los volantes. Leí a Lorca en mi adolescencia y quedé deslumbrado. Nunca estuvo prohibido en España y sus Obras completas de Aguilar las tuve muy joven. Como pasa con todas las obras completas, se añadieron luego otros escritos, que tampoco estaban prohibidos. No vuelvo a Lorca. Sus panegiristas y la política lo han destrozado.

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