La tribuna

Manuel Chaves / /

La segunda vuelta electoral

HAN transcurrido más de tres meses desde las elecciones del pasado día 20-D y las señales que emiten los contactos y negociaciones entre los partidos políticos indican que estamos abocados a unas nuevas elecciones generales. Ha sido imposible llegar a un acuerdo para la formación de un nuevo Gobierno y no parece que la situación vaya a cambiar en los próximos días. No hay sorpresa alguna, más bien un resultado previsible, desde el primer momento, dada la composición fragmentada del Parlamento. Ningún partido político alcanzó la mayoría suficiente para gobernar y tampoco la suma de escaños de los partidos dentro de un mismo bloque ideológico daba el número necesario para la investidura de un candidato. A partir del mensaje de cambio político expresado por la mayoría de los ciudadanos y dadas las profundas diferencias ideológicas y programáticas entre el PSOE y el PP, la única y razonable posibilidad de llegar a un acuerdo pasaba por un eje transversal derecha-izquierda, entre el Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos.

Éste fue el planteamiento del PSOE, en mi opinión correcto, para llegar no sólo a un acuerdo de investidura sino también para garantizar la estabilidad futura del Gobierno. Ante la composición del Parlamento, que exigía diálogo y negociación entre los partidos, el PSOE asumió la responsabilidad de la negociación para intentar un Gobierno para el cambio. Soy consciente de las críticas al PSOE por el diálogo con Podemos. Más bien hubiera faltado a su responsabilidad si no hubiera intentado comprometer a Podemos, apoyado por más de cinco millones de ciudadanos muchos de ellos ex votantes socialistas, en dicho Gobierno.

Existen diversas razones para explicar el probable fracaso en la negociación del acuerdo, entre ellas el interés de algunos partidos en la repetición de las elecciones. Pero estoy convencido de que el acuerdo firmado por el PSOE y Ciudadanos representaba una base de partida compatible con las 20 propuestas presentadas por Podemos el pasado día 7, lo que hubiera dado lugar a un acuerdo que habría sido bien recibido por la mayoría de los ciudadanos de este país. Por otra parte, hay una clave, entre otras, que explica el fracaso del acuerdo: la exigencia por parte de Podemos, legítima por su parte, de un referéndum sobre el derecho a decidir, es decir sobre el derecho de autodeterminación de las comunidades autónomas. Representaba un veto en la negociación imposible de aceptar por los otros dos partidos. El derecho a decidir abría la puerta a la ruptura del proyecto común que representa España.

Habrá que esperar a la ronda de consultas a los partidos políticos convocada por el Rey, pero éstos se preparan ya para afrontar lo que será la segunda vuelta de las elecciones generales. Dudo que sea la mejor opción para el país: los resultados electorales pueden ser similares a los de las anteriores y habrá que estar a la espera de la reacción de los ciudadanos cuando valoren si los partidos han respondido o no a las expectativas generadas el pasado 20-D.

El PSOE ha retrasado la fecha de celebración de su Congreso hasta la formación de un nuevo Gobierno, pensando también en el que se pueda formar después de las nuevas elecciones. Ha sido una decisión sensata y responsable. Tal como están las cosas, el Congreso y las elecciones primarias antes del día 26 de junio, habrían trasladado a los españoles una imagen de división interna del PSOE en vez de un debate sereno y positivo. Los socialistas están comprometidos en un proceso para recuperar la credibilidad perdida ante una parte del electorado y si somos sinceros en los últimos meses hemos asistido a desencuentros abiertos o soterrados que han dañado las expectativas electorales. La credibilidad del PSOE pasa, como condición previa, por la acción unida y cohesionada en torno a un proyecto y al liderazgo de la dirección del partido. Éste necesita unidad, cohesión y estabilidad. Es la responsabilidad del PSOE en su conjunto, una responsabilidad que no se puede retrasar.

La unidad en torno a un proyecto de país sobre bases socialdemócratas que permita recuperar el espacio de centro izquierda que siempre ha ocupado el PSOE y que ha posibilitado los grandes cambios políticos y sociales que ha tenido España en su historia reciente. La decisión de retrasar el Congreso abre esta oportunidad. Y si como parece hay nuevas elecciones, sean cuales sean los resultados electorales, el Congreso, como siempre, abrirá un debate abierto y si hay alternativas diferentes, decidirá democráticamente sobre las mismas.

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