Con efecto

javier / mérida

De cuando un segundo entrenador debe ser clave

SOY de la opinión de que la principal cualidad de un segundo entrenador debe ser ver bien el fútbol a ras de césped, fruto no sólo de los conocimientos y la experiencia acumulados en potreros y campos de albero sino también de un carácter que los faculte para permanecer impasibles en los banquillos. Hoy en día, los entrenadores, y no hay más que ver a Unai Emery y Juan Merino o Diego Simeone, suelen ser manojos de nervios en el área técnica y ese estado de efervescencia en el que viven los partidos los obliga a tener a su lado a ayudantes más fríos y con gran capacidad analítica.

Antaño, me gustó el binomio Camacho-Carcelén, el más complementario, la noche y el día. Antonio Álvarez y Marcos Álvarez, éste preparador físico, también fueron influyentes con Juande Ramos, aunque éste casi se bastaba solo. Lo ve de cine. Valdecantos, otro físico, lo era todo con Griguol.

Normalmente, a los segundos se los conoce poco, sobre todo si no han sido futbolistas de élite; necesitan una refriega, como aquel dedo en el ojo de Mourinho a Tito Vilanova, o una expulsión en un escenario de lustre para saltar al escenario mediático.

Punto y aparte es el Mono Burgos, la otra mitad de Simeone. La fauna es extensa. Los hay que no van más allá de poner los conos, y en este punto está feo citar. Otros, como el gaditano Juanito Gutiérrez, el segundo ideal, prefieren empezar como primeros en un equipo modesto. Los menos hoy están puestos por el club y su único objetivo es hacerle la cama al primer técnico para dar el salto.

Por estos lares moran Carcedo, estudioso, fiel a Emery y buen observador, y Alexis y Capi, el binomio que asesora a Merino, ambos sosegados, ex futbolistas de élite y, en el caso del canario sobre todo, un gran veedor. Siendo así, que lo es, ¿a ver quién es capaz de explicar entonces cómo entre los cinco empeoraron a Sevilla y Betis con sus cambios, de futbolistas a la par que tácticos, en esta jornada?

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