Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La selección, un soplo de frescor

Entre tanta serpiente veraniega, la irrupción de España se agradece por su efecto purificador del ambiente

MIENTRAS el verano con su aluvión de bulos se adelanta al propio estío, España hace su único ensayo de cara a la Copa Confederaciones a orillas del Caspio, en Bakú, capital de Azerbaiyán para lo que guste mandar. De nuevo, el equipo nacional, esa delicia de equipo, ante nuestros ojos mientras el fútbol bulle en torno a fichajes, desmentidos y algo que está proliferando como surgen las setas tras un chaparrón. Casi por generación espontánea, cada día surge una nueva denuncia de corrupción y la última, por ahora, es la que se hace desde Cádiz tras su eliminatoria con el Real Unión irundarra.

Tiempo de fichajes reales, de fichajes inventados, de fichajes sin consistencia alguna, de bulos más o menos interesados, también de hacerle el caldo gordo a quien le maneja y, lo más penoso, el aluvión de denuncias más o menos fundadas que contribuyen a quitarle credibilidad a este hermoso invento llamado fútbol. Llueven las denuncias, pero ahí se quedan, ni siquiera existe un proceso instructor y, claro, muchísimo menos, sentencias que sirvan para limpiar un aire que se emponzoña día a día, golpe a golpe, para hacerse cada vez más irrespirable mientras el Madrid no termina de asegurar que vaya a dejar en su implacable cacería alguna pieza libre.

Y en este adelanto del verano con sus serpientes, el soplo de autenticidad que supone la selección española, ahora con el sensato Vicente del Bosque en la sala de maniobras y Luis Aragonés de comentarista. Arranca esta tarde en el quinto pino y como todos los caminos conducen a Roma, pues a Suráfrica por el Caspio como rodeo surrealista. Soplo de autenticidad, de fútbol en estado puro, sin especulaciones, sin fichajes y sin bulos, pero sin Iniesta. Sólo queda desear que la baja del manchego no se note demasiado y que este soplo de autenticidad entre por la ventana con fuerza y no todo sea el humo de fichajes más o menos infundados o de corruptelas.

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