Visto y oído

Antonio / Sempere

La señal

UNA cosa es la señal que nos llega desde Pekín. Poderosa. Espectacular. Con un grado de precisión tecnológico impensable hace sólo un par de décadas. Y otra muy distinta el uso que de esa señal hace la cadena que tiene los derechos de emisión. Los Juegos Olímpicos son como un circo de veinte pistas en donde un realizador podría volverse loco, pinchando simultáneamente lo que ocurre en todos los eventos.

TVE está gestionando los Juegos de un modo lamentable. No hay un canal olímpico como tal. ¿Qué pintan en La 1, durante esta quincena, Identity, las recetas de España directo, esas películas de tan baja estofa por la noche? La primera, buque insignia de RTVE, debía ser el Canal Olímpico por excelencia. Un canal conectado a Pekín y a los Telediarios. Nada más. Y La 2 debía acudir en su apoyo. Complementándola. Arropándola. Es incomprensible que tuviésemos que esperar hasta la octava jornada de juegos, hasta el 15 de agosto, para que La 1 se rindiera a la evidencia y se reconvirtiese en lo más parecido a un canal olímpico, combinando pruebas y Telediarios, mañana y tarde.

Esta situación me recuerda a un poco a aquella frase de Antonio Gala que decía que el hombre es más grande que la tempestad. Porque el hombre sabe que muere pero la tempestad no sabe que le mata. El dispositivo técnico de Pekín 2008 es tan impresionante, la realización de cada una de las disciplinas tan compleja, que el mal uso que se haga de su señal sólo delata la ignorancia de quien la gestiona.

Claro, que después ves los informativos de Antena 3 (jueves 14), te encuentras con un campeonato de Lanzamiento de Azadas en un pueblo de la España profunda, y lo entiendes todo. En el país de los ciegos, ya se sabe, el tuerto seguirá siendo el rey.

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