Al punto

Juan Ojeda

Hay que sentarse

TENEMOS que pensar en el peor escenario porque, aunque no es probable que pase, sí es posible, y conviene prepararse. Y ese escenario, no deseado, sería que España tuviese que ser rescatada, igual que se ha hecho con Grecia e Irlanda. Las dudas sobre la capacidad de devolución de nuestra deuda pública -aunque sea una posibilidad muy remota- está haciendo que nuestra prima de riesgo se dispare y alcance las cotas más altas desde que se creó el euro. Si a esto le unimos, porque es imposible separarlo, que tenemos una tasa de paro que dobla la media europea, además de las nulas posibilidades, a corto plazo, de reactivar un sector clave como es el inmobiliario, tenemos un panorama de lo más preocupante, porque nos la pueden dar por todos lados.

Así que, queramos o no, estamos viviendo tiempos excepcionales, y de las decisiones que ahora se adopten va a depender, y mucho, no ya nuestro presente o futuro inmediato, sino que vamos a condicionar el de las generaciones más jóvenes. Y por si todo esto no fuese para echarse a temblar, nos encontramos inmersos en un ambiente electoral, que contribuye a que se actúe con criterios cortoplacistas, que valoran más la disputa por el voto que el acuerdo sobre políticas de futuro.

El resultado de las elecciones catalanas ha dibujado una nueva proyección en el panorama político nacional. Con estos resultados, es muy difícil que el PSOE consiga mantener el Gobierno de la nación, y el PP ve más cerca que nunca el triunfo en las próximas generales. Porque también, para anticipar resultados, hay que tener en cuenta que en el otro gran feudo electoral de los socialistas, que es Andalucía, también van perdiendo posiciones, y todos los sondeos apuntan a una victoria, con mayoría absoluta o no, de Javier Arenas, en autonómicas, y del PP en generales.

Pero, aparte de todo esto, o quizás por esto, los dos grandes partidos tienen que hacer una reflexión. El PSOE, sabiendo que su probable horizonte de gobierno, no vaya a mucho más de un año, debería entender que las grandes decisiones que comprometan el futuro tienen que ser compartidas con quien puede ser su sucesor, y debe poner sobre la mesa el máximo esfuerzo sincero de negociación, y mantenerlo por muchos desplantes que reciba. Por su parte, el PP, precisamente porque tiene en su mano volver al Gobierno, tendría que aceptar, por responsabilidad histórica, llegar a acuerdos sobre actuaciones imprescindibles que condicionen los próximos años. Por responsabilidad y también por egoísmo, porque si no es así, se podría encontrar con una situación tan explosiva que convirtiese su éxito en humo. Por eso, hay que sentarse.

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