Bicheo por la TDT

fátima Díaz

Una serie que no se curará a sí misma

ODIO ver Anatomía de Grey (en Divinity). Es un culebrón con mayúsculas, sólo un escalón por encima de El secreto de Puente Viejo, con la pérdida de tiempo que me parece seguir la serie de sobremesa de Antena 3... y hay quienes llevan casi tres años. Mi drama médico preferido lleva ocho, aunque mucho me temo que está destinado a morir pronto. Por seguir la metáfora médica, a partir de la quinta o sexta temporada contrajo una enfermedad incurable llamada tedio y va cuesta abajo y sin frenos abocado a una parada cardiorespiratoria de la que ni siquiera la doctora Yang podrá salvarle.

Desde luego hay series que gustan, y punto en boca. Si no, no se entiende qué hacemos los millones que seguimos las ya aburridas andanzas de Meredith Grey. En mi caso, en cuestión de ficción si no me largo en la primera temporada el enganche está casi asegurado. Han existido excepciones, por supuesto: Érase una vez y La cúpula, por ejemplo. Pero quién podía pensar que las historias del personal del Seattle Greace -ahora Sloan Grey Memorial Hospital- podrían dar un bajón de este calibre.

No hay que ser experto para notar que las ideas y la fórmula están más que agotadas, los guiones e historias son cada vez más cutres y la calidad de la serie ha ido desinflándose, tanto que hasta es más entretenido ver un documental médico de Discovery Channel, en los que además aprendes más de medicina, que un capítulo de Anatomía de Grey. Sí, es cierto que hay ficciones que, a pesar de no gozar del cariño de la crítica, logran al menos satisfacer a sus fieles (Glee o Supernatural se encuadran en este grupo) pero en Anatomía ni siquiera contamos con esto los fans.

Meredith Grey llegó a nuestras vidas siguiendo la estela de éxitos de otros seriales médicos como Urgencias o House. Pero, para empezar, jamás vi una serie en la que la protagonista contara con más detractores. Ellen Pompeo es más mayor que el personaje de Meredith que interpreta, además de resultar demasiado sosa y con poco gancho. Su 'ahora nos juntamos-ahora nos separamos' con Dereck Shepard (alias 'doctor macizo') tenía su miga en las primeras temporadas. La primera conversación postborrachera, ese primer encuentro en el hospital, los 'ascensorazos' y los grandes choques con Addison eran magistrales. La pareja recuperó el interés en el largo camino de adopción de Zola. Pero la última maternidad de Meredith, al final de la novena temporada, nos ha dejado con ganas de dejarles tranquilos y que coman perdices.

Más que a Meredith, cuando la serie acabe echaremos de menos a personajes como Bayley, Torres y Christina Yang. Tanto como ya añoramos a George o Izzie. Pero Anatomía de Grey está tocada y casi hundida. Ni siquiera ella misma sería capaz de curarse.

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