el medio centro

Carlos Izquierdo /

Las siestas no son lo que eran

En los Tour sin pinganillos y más tarde con protagonismo español, el soniquete de la tele impedía dormirse

HUBO un tiempo, no muy lejano, en el que el caluroso mes de julio invitaba a dormir la siesta, pero el soniquete de la televisión lo impedía. Era el tiempo del gran Tour de Francia, en el que no había pinganillos y los ciclistas tenían voluntad propia, lo que provocaba victorias épicas y desfallecimientos brutales que mantenían el liderazgo, las escapadas y las etapas en un ¡ay! continuo. Era el tiempo en el que Bernard Hinault atacaba a 100 kilómetros de meta, Greg LeMond se llevaba el maillot de Laurent Fignon por sólo ocho segundos e Indurain cabalgaba hidalgo por las carreteras de Lieja o Luxemburgo.

Hubo un tiempo, más cercano todavía, en el que el caluroso mes de julio invitaba a dormir la siesta, pero el soniquete de la televisión lo impedía. Era el tiempo del nuevo Tour de Francia, en el que ya había pinganillos y los directores deportivos controlaban la carrera anulada ya la iniciativa de los corredores. Pero los españoles subían al podio en los parisinos Campos Elíseos. Era el tiempo en el que Óscar Pereiro aguantaba el tirón del multidopado Floyd Landis, Carlos Sastre coronaba su extensa carrera y Alberto Contador dominaba el ciclismo cuando se lo permitían en los despachos.

Ahora, mientras Luis León Sánchez celebra en lo alto del podio su tradicional cita con la victoria de etapa en Francia -cuarta alegría en cuatro Tour distintos-, la mejor ronda ciclista que ha visto la historia languidece entre el aburrimiento y la nada. Un superequipo como el Sky domina de tal forma la carrera desde el hotel que nada altera la sobremesa. Apenas el atisbo de rebelión del ciclista más en forma de la prueba, Chris Froome, sofocado a gritos desde el coche del equipo británico con amenaza de despido en caso de continuar con la noble actitud de hacer lo que le dictan las piernas. Un tiempo éste en el que el caluroso mes de julio invita a dormir la siesta y nada lo impide.

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